Ácido Caprílico
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Ácido Caprílico

El ácido caprílico, tratamiento ideal contra la candidiasis

Los ácidos grasos son los constituyentes fundamentales de los lípidos, de manera que su presencia es signo inequívoco de esta clase de sustancias. Son cadenas de átomos de carbono e hidrógeno que adoptan su nombre en función del número de los primeros que entra en su estructura.

Índice

    1. El ácido caprílico, tratamiento ideal contra la candidiasis
    2. Origen del ácido caprílico
    3. Sus propiedades y beneficios
    4. Candidiasis: acción específica del ácido caprílico contra ella
    5. Sus posibles efectos secundarios
    6. Interacciones descritas
    7. Cómo debe tomarse el ácido caprílico
    8. Sus posibles combinaciones

Origen del ácido caprílico

Dentro de esa escala de sustancias se encuentra el ácido caprílico, nombre de uso más frecuente que el que genuinamente le corresponde por su posición en la escala, que es ácido octanoico (pues está formado por ocho átomos de carbono, por lo que se considera de cadena media). Debe precisarse que esta escala está integrada por aquellos ácidos que en la naturaleza se hallan en estado saturado, lo que les hace muy diferentes en características físicas, químicas y nutricionales de los monoinsaturados y poliinsaturados, entre los que se encuentran, por ejemplo, el oleico, el linoleico o el linolénico.

Sin embargo, la presencia de estos compuestos en los alimentos como tales, es decir, como ácidos grasos libres, suele obedecer a una alteración de estos, normalmente por enranciamiento de los lípidos o grasas, pues no es habitual que entren a formar parte de su composición química.

En lo que al ácido caprílico se refiere, para encontrar su origen natural mayoritario debemos acudir a sustratos muy dispares entre sí: una fruta, el coco, y un fluido orgánico, la leche de las hembras mamíferas, incluida la de la especie humana. En el primero de ellos, coincide con la presencia de los ácidos cáprico y láurico. En el segundo, puede decirse que el organismo lo sintetiza en cantidades muy bajas.

Si bien ahí se concentra la mayor parte del ácido caprílico producido en la naturaleza, no quedaría completa la lista de materias en las que su presencia es constante sin citar el aceite de palma y el de semillas de cáñamo.

Para su utilización en la industria farmacéutica, cuya relevancia es alta como luego veremos, se obtiene principalmente sometiendo a un procedimiento de hidrólisis al aceite de coco o de palma, tras el cual se lleva a cabo una destilación fraccionada.

Sus propiedades y beneficios

Comenzaremos haciéndonos eco de la opinión del Health Sciences Institute, de Maryland (Estados Unidos), institución que reconoce en el ácido caprílico numerosos beneficios para la salud humana. Pero antes de profundizar en ese aspecto, en cuanto a sus propiedades físicas de diremos que el ácido caprílico es parcialmente soluble en agua y destaca por despedir un olor muy intenso típicamente a rancio.

Por su parte, el Departamento de Agricultura de Estados Unidos (en siglas, USDA) ha catalogado el ácido caprílico dentro de las llamadas sustancias GRAS (siglas correspondientes a “generalmente reconocidas como sanas”), por lo que se trata de una sustancia fácilmente asimilada por el organismo, de fácil digestión y prácticamente exenta de toxicidad. A esto último contribuye enormemente el hecho de que se oxida en las mitocondrias y otros compartimentos dentro del citoplasma de de las células, lo que libera al órgano detoxicador por excelencia, el hígado, de carga tóxica adicional.

Los ácidos grasos de cadena media, como el caprílico, se caracterizan por su capacidad para facilitar la absorción de antioxidantes a partir de los alimentos y por atravesar más fácilmente las membranas celulares que los de cadena larga por mera cuestión de tamaño. Además, para su empleo eficaz por el organismo no es precisa la intervención de lipoproteínas o enzimas específicas.

Uno de los lugares dentro del organismo en el que mayores beneficios parece aportar es el estómago. Se comporta como un equilibrador de la acidez de un medio cuyo pH debe permanecer lo más constante posible porque de ello depende en parte el normal funcionamiento del sistema inmunológico. En consecuencia, la ingestión de ácido caprílico está reconocida como una práctica favorecedora de las condiciones adecuadas del entorno gástrico.

El hecho de que el ácido caprílico se encuentre presente en la leche materna y, en consecuencia, forme parte de la dieta de un recién nacido parece tener gran relación con su poder de destrucción de agentes patógenos como bacterias y hongos. De hecho podría colegirse que la naturaleza ha enriquecido al único sustento de las criaturas lactantes con un antibiótico capaz de mantener a raya a los microorganismos que representan una seria amenaza para un débil sistema inmunitario.

Pero no terminan ahí las posibilidades terapéuticas de este compuesto. Conforme a las referencias del Physicians Desk Reference Guide to Nutritional Supplements, además de combatir las infecciones bacterianas y las causadas por hongos, el ácido caprílico puede ejercer un efecto muy positivo sobre un trastorno tan extendido como la hipertensión arterial, que a su vez se comporta como factor predisponente de multitud de patologías.

Otro ámbito en el cual las expectativas son muy halagüeñas para el ácido caprílico es el tratamiento de la enfermedad de Crohn. Las pruebas emanadas del trabajo de un equipo de investigadores japoneses sobre células humanas revelaron que esta sustancia atesora enorme potencial para apuntalar el tratamiento de esta enfermedad inflamatoria intestinal, dirigiendo su acción hacia la raíz causal del problema, que no es otra que la liberación de la IL-8 o interleuquina 8. Esta proteína , que desempeña un papel decisivo en la puesta en marcha del proceso de inflamación intestinal, quedaría bloqueada en el origen de su síntesis y, en consecuencia, el desencadenamiento de la enfermedad no tendría lugar.

En el terreno de la suplementación sistemática de ácido caprílico no se dispone todavía de suficiente bagaje científico para preconizar el recurso a la misma.

Pero hasta donde se sabe, parece claro que es recomendable la inclusión del aceite de coco dentro de la dieta habitual por la mera presencia de este ácido cuyos beneficios para la salud están fuera de toda duda.

Hay datos solventes, entre otros los recogidos en un estudio publicado en la revista "Los lípidos hace unos pocos años", que anticipan más que probables efectos de aquel en la reducción de los depósitos de grasa abdominal y la normalización de los niveles de colesterol.

El ácido caprílico también se ha hecho un hueco en los tratamientos de disolución de cálculos biliares, así como para acelerar el periodo de convalecencia después de operaciones quirúrgicas o como terapia de mantenimiento en algunas enfermedades crónicas.

Asimismo, últimamente se apuesta, si bien con ciertas reservas, por el uso del ácido caprílico en el tratamiento de la epilepsia (se considera una alternativa fiable cuando se usa para convulsiones que no responden a tratamientos convencionales), y en aquellos pacientes que tienen deteriorada su capacidad de asimilación digestiva de las grasas, se utiliza como suplemento nutricional por vía parenteral (en inyección).

Al margen de sus posibilidades dentro del campo de la medicina, es interesante mencionar que se utiliza como plaguicida y desinfectante en equipos destinados al procesado de alimentos, como por ejemplo en fábricas de cerveza y bodegas de vinos, de cara a lograr la máxima higienización de aquellos. Con similar finalidad tiene aplicación en invernaderos, viveros y centros ornamentales, en los que se utiliza para prevenir o combatir contaminaciones por bacterias, hongos o algas.

Candidiasis: acción específica del ácido caprílico contra ella

Pero, sin duda, el beneficio para la salud más ampliamente valorado por la comunidad científica en relación con la ingestión de ácido caprílico es poder de controlar la proliferación de una reputada levadura, Candida albicans, uno de cuyos hábitats preferidos es el intestino grueso humano.

Las levaduras son un colectivo de seres vivos que, grosso modo, pertenecen al reino de los hongos y se caracterizan por ser unicelulares (al menos durante la mayor parte de su vida) y fermentar los azúcares. Algunas son beneficiosas y no causan enfermedades, es más, son conocidas por sus aportaciones a la industria alimentaria, como la fabricación del pan o de la cerveza. Pero las hay patógenas como Candida, significadas por ser agentes causales de importantes enfermedades.

Las propiedades del Ácido Caprílico

La llamada candidiasis sistémica es un problema infeccioso que suele tener pronóstico grave y cuyos síntomas suelen prolongarse varios meses o años, tendiendo a la cronificación. El origen de este proceso no es fácilmente identificable por los profesionales de la medicina convencional y, por ello, no son infrecuentes los pacientes que buscan su curación en terapias alternativas ante la ausencia de un diagnóstico concluyente. El problema para llegar a este radica en que existe un paralelismo o una superposición del cuadro clínico con trastornos de muy diferente origen como la fibromialgia, la hipoglucemia y el hipotiroidismo.

La génesis de esta enfermedad hay que buscarla en una explosión de crecimiento de colonias de Candida en el intestino grueso, circunstancia que viene a darse bajo condiciones de excesiva permeabilidad de su mucosa (lo que antaño se conocía como “intestino pinchado”). Este deterioro previo del intestino le da a su pared una pobre resistencia que le hace ser fácilmente atravesable por sustencias que en condiciones de integridad no tendrían opciones de hacerlo. En tal caso, las toxinas elaboradas por las levaduras Candida y sus antígenos son absorbidos y pasan a circular por el torrente sanguíneo, lo que se convierte en una agresión al sistema inmunitario.

El mecanismo concreto por el cual este ácido despliega su contundente acción contra los hongos no es conocido con certeza todavía, si bien la tesis más aceptada se basa en que ataca la estructura molecular de la membrana de la célula, produciendo su práctica disolución y, en consecuencia, alterando de manera letal la permeabilidad de esa membrana, lo que desencadena la muerte celular. Por otro lado, las notables propiedades lipotrópicas del ácido caprílico le hacen eficaz contra la Candida alojada dentro de los epitelios (tejidos de revestimiento del organismo).

Por su escasa o nula toxicidad, el ácido caprílico encaja perfectamente en terapias antimicóticas a largo plazo, habiendo demostrado sobrada efectividad no solo contra todas las especies de Candida, sino también contra otros géneros de levaduras como pueden ser Geotrichium y Rhodotorula.

Un aspecto altamente interesante dentro de su arsenal terapéutico lo constituye su capacidad para degradar los biofilms que algunos hongos desarrollan en algunas partes del organismo. Hablamos de unas membranas ultrafinas compuestas por una colonia de hongos, mayoritariamente del género Aspergillus (un tipo de moho ambiental muy patógeno), que tapiza las paredes celulares invadiendo tejidos completos. En el seno de esos biofilms, el hongo, para su supervivencia, bloquea la acción de algunas proteínas, de forma especial las inmunoglobulinas o anticuerpos. Para lograrlo segregan un tipo especial de enzimas llamadas endonucleasas, las cuales degradan los anticuerpos especializados en la acción inmunitaria a nivel local, conocidos como IgA, y con ello dejan inerme al tejido afectado pudiendo prosperar con su invasión.

Por dicha razón, el ácido caprílico suele emplearse como sustancia natural en tratamientos destinados a frenar la multiplicación acelerada de levaduras y hongos en el colon, básicamente en el caso que nos ocupa, el de Candida albicans.

Su efecto antimicótico comenzó a demostrarse décadas atrás en laboratorio mediante pruebas efectuadas tanto in vitro como en animales de experimentación, abarcando un rango muy amplio de acidez del medio para desplegar su eficacia, pues hablamos de un pH entre 2,5 y 8,5.

Otras situaciones clínicas que se presentan con cierta asiduidad son las infecciones cutáneas por levaduras, para las cuales el resultado de los tratamientos a base de ácido caprílico pueden ser tildados de sobresalientes. Otro tanto puede afirmarse acerca de un trastorno bastante común en las mujeres, que es la candidiasis vaginal, que cursa con una inflamación de la mucosa de este conducto, es decir, una vaginitis.

Sus posibles efectos secundarios

De primeras, no es infrecuente que estos tratamientos generen en el paciente síntomas de mareos, náuseas y dolor articular en diferentes articulaciones, incluso es habitual que se describa una sensación de malestar superior a la previa al inicio del tratamiento una vez iniciado este, pero es algo que debe ser tomado como parte del proceso: se conoce como reacción de Herxheimer, y es debida a la progresiva destrucción de las células de Candida que da lugar a la liberación de sustancias de desecho con un poder tóxico que se mantiene hasta la excreción de las mismas por el organismo.

En los momentos críticos de la muerte de levaduras se vierten simultáneamente al líquido intercelular grandes cantidades de toxinas, restos de células y antígenos, lo que puede prolongarse durante un lapso de tiempo máximo de un par de semanas, siendo lo más esperable que no llegue a una. Por ello, esta reacción no debe achacarse a la acción del ácido caprílico como efecto secundario de su administración (como tiende a hacerse), pues realmente se trata de una manifestación positiva.

Si nos ceñimos a lo que son efectos secundarios en el sentido literal del concepto, podemos asegurar que administrado en las cantidades recomendadas, el ácido caprílico carece de ellos.

Eso sí, excedidas las dosis pautadas y superado su margen de seguridad (lo que supone varios múltiplos de la recomendada), se han descrito irritaciones del estómago y náuseas, que incluso resultan evitables si esa sobredosis se ingiere acompañada de alimento.

Estos efectos secundarios deben ponerse en contraste con los asociados a la ingestión otros ácidos grasos menos tolerados, que producen frecuentemente hinchazón y dolor abdominal, vómitos y diarrea, en diferentes grados de intensidad.

Sí resulta imperativo aludir, como situación muy particular, a las posibles reacciones adversas generadas en aquellos pacientes que siguen dietas cetogénicas para controlar la epilepsia, en los cuales se han descrito algunos cuadros de hipocalcemia, acidosis, letargo y formación de cálculos renales, pero en todo caso no parece claro que se trate de efectos vinculados directamente al ácido caprílico, pues quizá se cruce una incompatibilidad de su empleo con personas que sufran algún grado de deterioro en los riñones.

A su vez, se aconseja no tomar esta sustancia, por precaución, a quienes padezcan tensión arterial baja, insuficiencia hepática o dolencia similar y una alteración muy específica y altamente infrecuente: la deficiencia de la enzima acetil-CoA deshidrogenasa de cadena media, que interviene en el metabolismo de este ácido.

Sobre la seguridad del uso sistemático y prolongado de los suplementos de este ácido, las referencias científicas válidas son aún muy escasas, pero se comparte cierta sospecha de que pudieran desencadenar ciertos efectos secundarios análogos a los descritos a propósito de la ingestión genérica de abundantes cantidades de ácidos grasos, es decir, náuseas, estreñimiento/diarrea, sensación de acidez gástrica y malas digestiones.

Por supuesto, el ácido caprílico no es excepción a las precauciones que siempre deben adoptarse en niños, mujeres embarazadas y lactantes y personas propensas a padecimientos estomacales.

Interacciones descritas

Si bien no cabe encuadrarlo como efecto secundario, y por otra parte no se ha constatado fielmente todavía en personas, es probable que el ácido caprílico altere la capacidad de detoxicar y eliminar un insecticida denominado carbaril, perteneciente al grupo de los carbamatos, muy usados en las formulaciones habituales de los insecticidas de uso doméstico. Con ello se generaría cierta susceptibilidad a su exposición.

Y aunque faltan datos que lo avalen al cien por cien, el ácido caprílico podría interactuar con sustancias inotrópicas (es decir, aquellas que actúan en favor de la contracción muscular), anticoagulantes como la warfarina y antiinflamatorios no esteroideos, como la indometacina o la fenilbutazona.

Tiene cierto grado de interacción con los medicamentos hipotensores, como la coenzima Q10 y el aminoácido L-arginina. Por ello, se recomienda precaución a quienes consuman de rutina preparados que contengan los citados agentes.

Cómo debe tomarse el ácido caprílico

Las dosis terapéuticas de ácido caprílico que se prescriben comúnmente oscilan entre 350 miligramos y dos gramos (lo más habitual es no superar un gramo), tomados fraccionadamente, durante las comidas, a lo largo de la jornada.

Para evitar la reacción de Herxheimer de la que se habló anteriormente, lo mejor es ir aumentando gradualmente la dosis hasta completar en un plazo prudencial la dosis diaria que para el caso concreto se establezca. Debido a que, si se trata de infección intestinal, las levaduras se camuflan en los recónditos pliegues de la pared del colon, el tratamiento puede llevar varios meses (sin que pueda descartarse que supere un año en los casos más rebeldes).

Esa duración está en función de la condición del paciente y del momento de evolución de la enfermedad en la que abordó el problema.

Dada su tendencia a absorberse fácilmente a través de la pared intestinal del tramo delgado, se recurre normalmente a formulaciones de ácido caprílico de liberación prolongada que van protegidas por un recubrimiento que les hace resistentes a los jugos digestivos, de manera que que su liberación se produzca en el intestino grueso, donde se concentra masivamente la población de Candida. Por otro lado, dependiendo de la idiosincrasia del paciente se corre el riesgo de que el ácido llegue a su destino no como sustancia aislada sino combinado con otros ácidos grasos, perdiendo buena parte de su función terapéutica. De ahí la estricta necesidad de tomarlo en cápsulas recubiertas, entre las que actualmente las mejores parecen ser las de gel.

Debido al efecto regulador de las digestiones y a la influencia en el estado de la piel del ácido caprílico, el aceite de coco, su principal fuente en la naturaleza, está reconocido como un gran suplemento nutricional.

Una buena pauta alimenticia sería enriquecer el desayuno con una cucharadita de aceite de coco o aliñar con él las ensaladas.

En el mercado podemos encontrarlo en cápsulas (donde se presenta en estado líquido) y en tabletas. La verdad es que estas últimas están casi postergadas para las personas que sufren candidiasis, ya que se derivan de los productos lácteos. Como el el ácido caprílico es muy soluble en grasas, es recomendable es que sea consumido con aceite de oliva, aceite de semillas o ácidos grasos omega 3.

Sus posibles combinaciones

Uno de los elementos colaterales que debemos cuidar al abordar un tratamiento contra la levadura Candida es la dieta, con la cual podemos inconscientemente estar contrarrestando la acción del ácido caprílico debido a la presencia de sustancias que favorecen el crecimiento de la levadura o bien por desaprovechar algunos factores que pueden ayudarnos a combatirla:

  • Una medida vital es la supresión del azúcar, pues es el principal sustrato que emplea este germen para su nutrición. 
  • La adición de probióticos supone un arma letal contra las poblaciones de Candida. Eso puede hacerse a través de alimentos ricos en bifidobacterias, con cuya aportación se logra incrementar la flora intestinal que compite con las levaduras en el intestino grueso. Algo parecido puede decirse de las bacterias del tipo Lactobacillus, un buen probiótico que se comporta en sinergia con el anterior. 
  • Además, interesa introducir alimentos ricos en L-glutamina (como carnes y pescados poco cocinadas, huevos y cereales integrales), un aminoácido especialmente necesario cuando se requiere aumentar la respuesta inmunitaria a nivel del epitelio intestinal y ante situaciones de excesiva permeabilidad intestinal.
  • Viene bien una suplementación básica con un complejo multivitamínico rico en vitamina C.

El ácido caprílico, si bien por sí solo es eficaz, funciona mejor en combinación, ya que de esta manera se ven mermadas las posibilidades de que la levadura Candida se acostumbre a él y aprenda a esquivar su acción. Por eso, es deseable combinarlo con otros antimicóticos naturales como el ajo, el aceite de orégano o el extracto de semilla de pomelo. En concreto, el extracto de ajo es interesantísimo, por su condición de antifúngico y antiséptico por excelencia. De hecho, un estudio llevado a cabo por el Huntington College of Health Sciences reveló una actividad específica del ajo contra Candida, deteniendo su crecimiento.

La mecánica más recomendable a la hora de plantear un tratamiento consiste en pautar dos o tres compuestos antifúngicos simultáneamente para cortar las vías de resistencia que pueda ofrecer Candida albicans y, alternativamente, tomar distintos suplementos que contengan ácido caprílico como ingrediente principal.

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