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Té kombucha – Un probiótico de excepción

Té kombucha – Un probiótico de excepción

La kombucha es una bebida fermentada a base de té o infusión azucarada. La fermentación se consigue a través de un cultivo de bacterias y levaduras, que le hace convertirse en una bebida con una variada gama de vitaminas, enzimas, minerales y ácidos orgánicos esenciales.

¿Qué es la kombucha?

Los alimentos y los suplementos alimenticios probióticos se caracterizan porque en su composición entran en juego unos ingredientes muy singulares: bacterias u hongos de géneros y especies apatógenas, es decir, inocuas, cuya función dentro del organismo es implantarse en el tracto intestinal, donde desempeñan una labor altamente beneficiosa.

Grosso modo, cabe atribuir a los probióticos capacidad para combatir diversos trastornos digestivos, incluso el cáncer colorrectal, reforzar la función inmunitaria, prevenir infecciones del aparato urinario e incluso regular los niveles de colesterol circulante en sangre. Como puede verse, representan una categoría dentro de la nutrición y de la medicina que invita, al menos, a tomarlos en consideración.

En este artículo vamos a profundizar en uno de los que actualmente se encuentran en la cresta de la ola: la kombucha. Podemos calificarla como una bebida probiótica, puesto que en su elaboración participan, de manera determinante, una serie de microorganismos que permanecen inalterados en la composición final del producto.

Entrando más a fondo en su descripción y teniendo en cuenta que, como se verá, admite algunas variantes, se trata de una bebida confeccionada a partir de té negro endulzado como materia prima de base, con un bouquet mixto entre la acidez y el dulzor conseguido gracias a la acción ejercida sobre el té de una serie de cepas selectas de bacterias y hongos.

Propiedades kombucha

Fuente de hidratación

En primer lugar, conviene recalcar que la kombucha es una bebida, lo cual le confiere un papel relevante como fuente de hidratación para el organismo. En segundo término, como consecuencia de la fermentación y el endulzamiento del té negro como materia prima original, debemos considerar la kombucha como una apreciable fuente de azúcares (que suponen entre el 5 y el 13% de su composición), acompañados por cierto nivel de graduación alcohólica (oscilante entre uno y 3,5 gramos por litro).

Y completaríamos esta primera aproximación a su composición química mencionando que por proceder habitualmente del té negro (téngase en cuenta la posibilidad de sustituirlo por té verde e, incluso, de hacerlo por otra materia prima), posee polifenoles, esa familia de compuestos exclusivos del reino vegetal cuya señal común de identidad es atesorar un potente poder antioxidante. En el caso de la kombucha, hay que contar con una ligera merma a causa de la fermentación, aunque no es óbice para que en el producto final representen una excelente partida [4].

La fermentación aludida, en la que profundizaremos en apartados posteriores, es llevada a cabo mediante un conglomerado de especies microbianas llamado medusomyces gisevi y requiere un periodo entre 7 y 12 días, careciendo de exigencias especiales de temperatura, de manera preferente a temperatura ambiente.

Se trata de un fenómeno biológico de capital importancia en las características de esta bebida; además, admite un margen de maniobra en función del cual obtendremos un producto más o menos dulce y más o menos ácido, de suerte que cuanto mayor es la duración del proceso fermentativo, más ácida y menos dulce queda la kombucha.

Un poco de historia de la kombucha

A lo largo de su periplo histórico ha recibido hasta un centenar de apelativos; algunos de ellos son hongo de té, kvass de té, hongo de Manchuria, kambotscha, Champignon de Longue Vie y hongo de la inmortalidad.

Las primeras referencias del consumo de kombucha están datadas en 221 a. C., durante la China imperial dominada por la dinastía Tsin, donde se popularizó como “el elixir de la vida” una vez que se comprobaron sus espectaculares efectos sobre el organismo.

Históricamente, su consumo venía limitándose a una muestra minoritaria del planeta, en concreto China, Rusia y Alemania, pero en las últimas décadas ha experimentado un empuje global, especialmente a raíz de su popularización en Estados Unidos, una vez extendido el conocimiento sobre los efectos medicinales que comporta su consumo habitual.

Elaboración kombucha

Proceso de elaboración Scoby

En la mayoría de los casos, el sustrato de su elaboración es té negro dulce, sometido a un proceso peculiar de fermentación en el que interviene el conocido como Scoby (acrónimo de Symbiotic Culture of Bacteria and Yeasts, cuya traducción es cultivo simbiótico de bacterias y levaduras). Cabría describirlo como una masa algo gelatinosa, que por su aspecto y su color recuerda a una recia crèpe. Puede verse como un sobrenadante en el depósito de fermentación, de manera que desarrolla un papel bisagra. Por un lado, recibe oxígeno al contactar su superficie externa con el aire, y por otro, al hacerlo la interna con el té, desencadena la fermentación de este, liberando sus microorganismos al medio.

En realidad, se trata de la sustancia promotora de la transformación de té azucarado en alimento probiótico, sin la cual no tendría lugar la misma. Haciendo un símil con la producción de kéfir, puede considerársele equivalente al cultivo de este, solo que en vez de realizar su función inmerso en el líquido, el scoby de la kombucha lo hace flotando.

Aunque, como decíamos, el medio líquido utilizado tradicionalmente para la elaboración de la kombucha ha sido el té negro, algunas empresas han introducido nuevas técnicas de elaboración a partir de un scoby ajeno a cualquier tipo de té, obteniendo satisfactorios resultados organolépticos. En concreto, se han manejado líneas de fabricación con diferentes frutas y hortalizas, como es el caso del zumo de zanahoria, el cual, gracias a sus elevados grados brix (medida que determina la cantidad de materia seca, generalmente azúcares, disuelta en un líquido), ha hecho posible una fermentación exenta de la adición de azúcar.

Cepas de scoby

Debe precisarse que los cultivos de scoby son de composición irregular, pues no todos contienen exactamente las mismas cepas microbianas. No obstante, estas son las más determinantes:

  • Acetobacter xylinoides y ketogenum: son dos especies de bacterias estrictamente aerobias (que solo se reproducen en un medio con oxígeno), de presencia constante en el scoby y cuya aportación al cultivo son el ácido acético y el glucónico. Entre sus funciones está la de contribuir a construir el hongo.
  • Saccharomyces: es un género de levaduras que sintetizan alcohol como metabolito de la fermentación que llevan a cabo, muy conocidas por su papel en la producción de cerveza. Son los tipos de levaduras más comunes en el scoby y, entre otras, incluye las especies saccharomyces cerevisiae, ludwigii y apiculatus y schizosaccharomyces pombe (esta perteneciente a un género muy afín).
  • Lactobacillus: es un género de bacterias aerobias productoras de ácido láctico que no siempre se encuentran en la kombucha.
  • Pediococcus: género de bacterias anaerobias también productoras de ácido láctico que, asimismo; su presencia es también inconstante.
  • Gluconacetobacter kombuchae: bacteria anaeróbica genuina de la kombucha. Se nutre del nitrógeno contenido en el té y genera como metabolitos el ácido acético y el glucónico.
  • Zygosaccharomyces kombuchaensis: especie de levadura también exclusiva del scoby de kombucha. Produce alcohol y un efecto efervescente y, como la anterior, contribuye a la formación del hongo.
  • Brettanomyces bruxellensis: otra especie de levadura de aparición inconstante en la kombucha, que aporta al cultivo alcohol y ácido acético.
  • Podemos completar esta lista citando a bacterium xylinum, gluconicum, xylinoides y katogenum, pichia fermentans y candida stellata.

Enriquecimiento nutricional

Esta transformación fermentativa va acompañada de un enriquecimiento del medio en vitaminas (destacando las del grupo B y la C), aminoácidos, enzimas y unos cuantos ácidos orgánicos, especialmente el glucurónico (un potente detoxicante), el láctico (eupéptico, es decir, que facilita la digestión, y mejorador de la circulación sanguínea) y el acético (un antibiótico).

Salud kombucha

Los beneficios y propiedades de la kombucha: una buena apuesta por la salud

Antes de abordar de lleno el repertorio de propiedades y beneficios que hacen de la kombucha un referente dietético, recordaremos que al ser una bebida elaborada con té contiene cierta presencia de teína (un estimulante del estilo de la cafeína), por lo que, como contrapartida, quien sea susceptible a las bebidas estimulantes debe tener en cuenta que tomar kombucha a partir de media tarde, o a cualquier hora del día si es en cantidades elevadas, puede complicarle la calidad del sueño.

Una virtud de las bebidas fermentadas no lácteas, que la kombucha comparte, por ejemplo, con el kéfir de agua, quizá estribe en ser el tipo de alimentos mejor dotados dentro de su condición de probióticos, pues al ser vehiculados sus microorganismos por el agua, se minimiza sensiblemente el ataque causado por el medio ácido del estómago, quedando viables un porcentaje elevado de ellos a su llegada al intestino delgado.

Como probiótico, que sin duda es el principal rol que adopta la kombucha en el organismo, su efecto directo es enriquecer la flora microbiana y regular el tránsito intestinal, fortaleciendo el sistema inmunitario a ese nivel local, una de las primeras y más activas barreras defensivas que el organismo opone a los agentes agresores externos.

Principal ayuda al organismo

Pero su acción más inmediata tras su ingreso en el organismo es su contribución al buen funcionamiento del aparato digestivo. En ello son pieza clave los ácidos y enzimas producidos por los microorganismos del scoby y a los que antes hacíamos alusión. Y es que precisamente los principales beneficios nutricionales de esta bebida van ligados a su riqueza en ácidos orgánicos. Uno de los prioritarios es el glucurónico, que desempeña un notable papel en el catabolismo agilizando la excreción de las toxinas.

En esta labor detoxicante también debe tenerse en cuenta al ácido málico, cuyo campo de actuación es el hígado. En cuanto a los derivados de la presencia de cepas lácticas, tienen reconocida cierta relevancia en la prevención del cáncer y mejorar el flujo sanguíneo. Por su parte, dos de ellos, el acético y el úsnico, tienen capacidad de destrucción microbiana, mientras que el ácido oxálico estimula el metabolismo de la energía.

Un buen aliado de las funciones generales del metabolismo

Debido a la abundancia de vitaminas del grupo B, un complejo vitamínico que abarca un sinfín de funciones metabólicas (sin ánimo de agotar el catálogo, producción de energía, bioquímica sanguínea, metabolismo de los carbohidratos, funcionamiento del sistema nervioso, salud ocular…), el concurso de la kombucha en la dieta deja una huella que, en mayor o menor intensidad, supone un beneficio global para nuestro bienestar.

En concreto, muchas veces se consume con vistas a amortiguar el estrés y la ansiedad, y por ejemplo en otras a paliar las secuelas del síndrome premenstrual producido por una cierta “intoxicación” a causa de la acumulación de estrógenos que tiene lugar en esa etapa.

Metabolismo Energetico

Contribuye a agilizar la detoxicación del organismo

El repertorio de microorganismos, ácidos y enzimas que caracteriza a la kombucha constituye un motor de los procesos de detoxicación del organismo, significándose especialmente en mejorar la funcionalidad del hígado, que de por sí es el órgano nuclear en este ámbito. Esta capacidad de detoxicar se debe a su contenido de ácido glucurónico, la sustancia más relevante de todas cuantas se ven inmiscuidas en la neutralización y eliminación de las toxinas y sustancias de desecho del metabolismo.

Algunos estudios llevados a cabo en animales de laboratorio han revelado un notable merma de la toxicidad en el hígado hasta en un 70% relacionada con el consumo de kombucha [5].

Pero no solo el hígado se ve favorecido por la intervención del glucurónico, ya que también los riñones adquieren más capacidad para la excreción de metales pesados (como plomo o cadmio) y otros contaminantes.

Fortalece el sistema inmunitario

Es una constante en todos los alimentos fermentados que su ingesta regular contribuye a reforzar los mecanismos de la inmunidad. La razón estriba en que el sistema inmunitario, en bloque, está muy condicionado por el buen estado del tracto intestinal. Y en ello es determinante el complejo microbiano que aporta la kombucha, potenciado por la riqueza en sustancias antioxidantes que trabajan paralelamente por diferente línea pero con el mismo objetivo.

Un marcado poder antioxidante

La acción prioritaria de los antioxidantes consiste en neutralizar los radicales libres que se originan en las membranas celulares. Se trata de unas composiciones atómicas altamente reactivas que interactúan con moléculas como el ADN y las proteínas, causando reacciones en cadena que transforman esas moléculas atacadas en nuevos radicales libres y así indefinidamente si ningún factor externo lo impide.

Pues bien, ese factor externo pueden ser las catequinas, en las cuales son abundantes las hojas de los tés con los que se elabora la kombucha y que persisten en el producto final. Las catequinas pertenecen al nutrido grupo fitoquímico de los polifenoles, clasificándose dentro de la categoría específica de los flavonoides.

Kombucha antioxidante

Atenúa el riesgo de padecer enfermedades

Determinados estudios científicos [2] han puesto de manifiesto una relación estadísticamente significativa entre consumo rutinario de kombucha y menor predisposición al cáncer. Según los suscribientes de dichos ensayos, cabe asignar una importante responsabilidad en esta relación a ese contenido en polifenoles que mencionábamos a propósito de la capacidad antioxidante global; no solo se trata de constituyentes naturales de la materia prima, el té, sino también de determinados metabolitos originados durante el proceso fermentativo.

Sabido es, por otros ámbitos de investigación, que los polifenoles del té abarcan un amplio repertorio de actuaciones en la lucha contra el cáncer, como la inhibición de mutaciones genéticas que desencadenan las síntesis anormales de proteínas que constituyen el detonante de la formación de tumores, el freno a la proliferación de células cancerosas y la invasión de tejidos adyacentes de tumores ya formados, la apoptosis o muerte celular y la obstaculización de la temida metástasis [3].

Asimismo, introducir la kombucha en la alimentación permite paliar el déficit de ácido L-láctico habitual en la bioquímica de los enfermos de cáncer, puesto que se trata de uno de los ácidos sintetizados durante la fermentación del té.

Previene la formación de artrosis y alivia sus síntomas

Entre los principios activos inherentes a la composición de la kombucha se encuentra la glucosamina, una sustancia fundamental en el entramado del tejido conjuntivo que las articulaciones demandan para conservar el buen estado que permita su rotación y distensión adecuadas.

La glucosamina es precursora de la síntesis del ácido hialurónico, otra sustancia altamente relevante en este ámbito. En este caso, hablamos de un hidrato de carbono que preserva a los tejidos conectivos (y particularmente a las articulaciones) de la pérdida de lubricación y flexibilidad consecuente al paso de los años. Su concurso es indispensable para la integridad de los cartílagos y para prevenir el proceso degenerativo de la artrosis y, en consecuencia, el dolor que esta lleva asociado.

Con propiedades antimicrobianas

En buena medida debido a su reducido pH, derivado del elevado contenido de ácido acético y otros ácidos orgánicos, la kombucha se conoce también por unas propiedades antimicrobianas nada desdeñables. En concreto, tomar kombucha asiduamente es una buena idea para inhibir el desarrollo de bacterias patógenas del aparato digestivo, como helicobacter pylori y escherichia coli, agentes de úlceras gastroduodenales y de diarreas, o salmonella typhimurium, así como de staphylococcus y un considerable elenco de gérmenes nocivos.

El ácido acético también le confiere cierta acción antimicótica, siendo útil, en consecuencia, para combatir infecciones causadas por hongos. De hecho, se ha demostrado que esta bebida resulta realmente eficaz contra algunas especies de levaduras, con especial mención a candida albicans por ser responsable de frecuentes infecciones vaginales [1].

Puede reducir el riesgo de enfermedades cardíacas

Hay estudios en animales de experimentación según los cuales parece ser que la kombucha interfiere positivamente en el funcionamiento del sistema cardiovascular, reduciendo el riesgo de contraer enfermedades de este tipo en algo más de un 30% [6], para lo cual se vale de dos acciones [7]: reducción del colesterol LDL y aumento del HDL.

Asimismo, incidiendo de nuevo en su elevado contenido de antioxidantes, protege las moléculas de colesterol de los fenómenos oxidativos de membrana, resultando aquel un factor adicional en la esfera del corazón y órganos concomitantes.

Suele ser bien tolerada por los diabéticos, pero con precaución

De sobra conocido es que la diabetes se manifiesta, en la bioquímica sanguínea, con niveles elevados de glucosa derivados de la alta resistencia a la insulina que caracteriza a las células de los pacientes de este tristemente frecuente disturbio endocrino. Aunque la mayor parte del azúcar del té es transformada por los microorganismos fermentadores, debe tenerse claro que no se trata de un alimento exento del mismo, por lo que ha de albergarse la posibilidad de que en estos pacientes provoque antibajos en los niveles de glucemia.

No obstante, se han efectuado ciertos controles que apuntan, si bien es necesario recabar datos más concluyentes, que el consumo de kombucha resultante de una fermentación de al menos 15 días puede contribuir a sobrellevar mejor la enfermedad por una supuesta capacidad de reducción de la glucemia.

Los usos cosméticos de la kombucha

Dejando un momento al margen la nutrición, no podemos ignorar las excelencias de la kombucha haciendo un uso tópico de ella.

Tiene un reconocimiento pleno como factor antiedad, debido al poder regenerador que le confiere su rica composición en ácido hidroxiacético (AHA), vitaminas y polifenoles, que reparten su modus operandi sobre los distintos estratos de la piel. En concreto, no resulta inoportuno tildarla de factor antiarrugas, pues precisamente, quizá esa sea su más brillante aplicación cosmética. La ejerce estimulando la proliferación de los adipocitos en la dermis. Esa labor la compagina otorgando más volumen a las zonas que se han visto más mermadas en su elasticidad, con el consiguiente efecto de alisar el tejido cutáneo y mitigar las arrugas.

Su poder humectante le ha dado una fama ya clásica como aporte de lustre y frescor al aspecto general de la piel.

Por otra parte, su acción microbicida (recordemos la presencia del ácido acético, entre otros) le proporciona un buen encaje en el tratamiento del acné, cuya causa radica en la proliferación desmedida de unos microorganismos que provocan puntos de inflamación localizada en la epidermis.

Y ello sin olvidar que, debido a su alto contenido en vitamina C, aporta un singular efecto iluminador cutáneo que se percibe especialmente en el cutis.

Con el ánimo de presentar una muestra de la utilidad de esta sustancia en el campo de la cosmética, podemos citar como preparaciones cuyo principal ingrediente es la kombucha las siguientes: mascarilla hidratante, agua de kombucha, jabón de kombucha, acondicionador de pelo o un remedio para curar quemaduras y heridas incisas.

Efectos secundarios y contraindicaciones de esta bebida

A pesar de la gran cantidad de propiedades beneficiosas que han sido pormenorizadamente descritas, no quedaría completa esta exposición sin reflejar ciertas circunstancias, fisiológicas unas, patológicas otras, en las que el consumo de kombucha puede generar consecuencias no deseadas.

Una de las preocupaciones recurrentes entre algunos expertos radica en el riesgo de que el scoby pudiese albergar, entre su ingente cepario, alguna especie de gérmenes susceptibles de producir enfermedades.

Parece ser que el principal implicado en este riesgo, que por otra parte debe considerarse remoto por la escasez de referencias obtenidas, es el hongo aspergillus.

Hay documentación acerca de casos de acidosis metabólica, insuficiencia respiratoria, edema pulmonar, colapso vascular y hepatotoxicidad como cuadros clínicos graves asociados a la ingestión continuada y prolongada de kombucha, en todos los casos superados los dos meses de consumo sistemático. De menor entidad, y siendo las principales incidencias adversas declaradas, podemos hablar de anorexia, pérdida de peso, erupciones dérmicas y retención intestinal.

Durante la lactancia deben guardarse las lógicas precauciones, pues la leche materna es un excepcional vehículo de traspaso de sustancias al estómago de un bebé cuyo metabolismo no está lo suficientemente maduro para asimilarlas sin problemas.

Transformación en etanol

En las primeras etapas de la vida, más o menos hasta los 12 años, hay que prolongar esa cautela manifestada a propósito de la época lactante, puesto que tanto la maquinaria de reelaborar sustancias, que es el hígado, como la de prepararlas para su excreción, que es el riñón, carecen todavía del desarrollo suficiente como para verse sometidos a presiones externas.

Los microorganismos que llevan a cabo las fermentaciones transforman los azúcares simples en etanol, dióxido de carbono y ácido acético. Se genera, por consiguiente, alcohol (etanol) hasta un 2% de la composición volumétrica, circunstancia que reiteradamente es obviada en la información que se suministra al consumidor en las etiquetas.

Como es un producto frecuentemente elaborado en casa, el peligro de contaminaciones cruzadas por no esmerarse al máximo en garantizar la esterilidad de los instrumentos y superficies es superior que en caso de comprarlo fabricado. Por eso se aconseja evitar su consumo en caso de embarazo y lactancia.

Esta bebida, cuando se trata de fabricación casera (lo que le priva de los exhaustivos controles sanitarios que recibe la industrial), debe ser evitada por personas que tengan comprometido el sistema inmunitario por ser fácilmente contaminable por gérmenes, en principio banales, pero que pueden ocasionar infecciones de seria gravedad a pacientes inmunodeprimidos.

Finalmente, en sentido contrario debemos recordar que al no contener lactosa, la kombucha es perfectamente tolerada por personas con intolerancia alimentaria a este hidrato de carbono.

Kombuche y jengibre

Preparación de kombucha de forma artesanal

Un frasco de cristal, un paño de cocina (impecablemente limpio) y una goma elástica es todo el utillaje que requiere la sencilla operación de preparar kombucha casera. Como ingredientes, deberemos disponer de:

  • El scoby
  • Un litro de agua filtrada
  • 2 bolsitas de té (si es posible, negro)
  • 60 gramos de azúcar blanco
  • El cultivo starter, que es más o menos media taza (120 ml) de kombucha sobrante de anteriores elaboraciones; si se carece de él pude usarse en su lugar vinagre de manzana.

Elaboración

Una vez ya en ebullición el agua, se introducen las bolsitas que deberán reposar un cuarto de hora con el fuego apagado. Tras ello, se remueve el azúcar hasta su completa disolución y el recipiente ha de quedar tapado con el paño hasta que reduzca su temperatura a la ambiental.

Seguidamente, se trasvasa el té al frasco, donde se verterán el scoby y el cultivo starter. De nuevo se tapa con el paño y se asegura el cierre mediante la goma. El frasco deberá colocarse, durante diez días, en un lugar donde la temperatura sea estable y se mueva en un margen entre 20 y 26 grados, teniendo la precaución de que no le dé el sol y haya una buena ventilación (no es necesario corriente de aire).

El periodo citado de diez días es susceptible de ser recortado, a una semana por ejemplo, si se desea que la kombucha quede más dulce, y de ser prolongado hasta tres semanas si lo que se busca es un producto más ácido y muy pobre en azúcares. En este caso debe advertirse que su bouquet se ve modificado sensiblemente, pudiendo adquirir un cierto toque avinagrado.

Como se dijo al principio de este artículo, el té no tiene la exclusiva como materia prima de base de la kombucha, admitiendo variaciones como infusión de borra de café, infusión de maíz tostado, infusión de hoja de coca o infusión de chuño (obtenido de la deshidratación de algunos tubérculos como la papa). En todas estas formulaciones alternativas se prescinde del cultivo starter por razones ligadas a color, sabor y olor y, en compensación, se agrega mayor cantidad de scoby.

Cómo debe tomarse la kombucha y con qué puede combinarse

La kombucha suele ingerirse fría, pues su más primaria vocación es la de infusión refrescante, estimándose un consumo razonable la ingesta de alrededor de un cuarto de litro diario.

La pauta más acertada es beber un vaso antes de desayunar. Quien prefiera iniciarse al consumo de kombucha gradualmente puede empezar por medio vaso (unos cien mililitros) e ir in crescendo hasta cogerle el punto al sabor.

Comercio kombucha

Combinada con kéfir de agua

El kéfir de agua es otra bebida fermentada y, en consecuencia, probiótica, elaborada a base del cultivo de aquel.

Su preparación consiste en llenar de agua un envase fermentador donde se agrega azúcar, fruta deshidratada, fruta fresca o zumo de fruta (admite múltiples posibilidades), limón y el cultivo de kéfir, que será el que fermente los azúcares.

Kombucha y kéfir de agua son dos bebidas complementarias, puesto que sus composiciones y propiedades difieren pero se potencian. Su asociación cuenta con un perfil nutricional que justifica plenamente su inclusión como suplemento dietético y fuente de hidratación, siempre complementaria al agua, que debe prevalecer.

Otras combinaciones interesantes:

Cereza y jengibre

En general, los frutos rojos son muy utilizados para potenciar el efecto antioxidante de la kombucha. Lo que se hace es añadir al té unas pocas cerezas a trocitos y una pizquita de jengibre rallado. Esta mezcla le proporciona un color muy agradable y un toque algo especiado.

Melocotón y hojas de menta

Se trocea un pedazo de melocotón, que se macera junto con unas hojas de menta trituradas. Listo para verter a la kombucha.

Fresas

Una papilla de cuatro o cinco fresas se añade a la kombucha para que se produzca, durante una noche entera, una fermentación a temperatura ambiente.

Canela

Una ramita de canela se deja macerar en un recipiente con kombucha durante una noche, tras la cual se extrae la canela y ya está lista para consumir.

Canela en Rama

Pera y romero

Se trata de hacer una infusión de romero, que una vez fría se mezcla con la kombucha y el zumo extraído de una pera.

Piña y anís

Muy interesante de cara a aprovechar los efectos depurativos de la kombucha. Un zumo de piña (natural, por supuesto) se mezcla con kombucha y una infusión de anís. La alternativa es triturar unas semillas de anís simultáneamente a la preparación del zumo de piña.

Dónde comprar

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En nuestro país se comercializan diversas marcas de kombucha en herbolarios, parafarmacias y tiendas de dietética y alimentación ecológica. Y por supuesto, puede comprarse online el scoby para hacer kombucha casera.

Pero lo más importante es saber qué hay que tener en cuenta a la hora de decidirse por una kombucha u otra. Prioritariamente conviene fijarse en que el fabricante dé muestras de que el proceso de elaboración se ha visto sometido a los imperativos controles sanitarios y de calidad. Por supuesto, ha de venderse como bebida no pasterizada, pues esta circunstancia significaría la ausencia casi total de microorganismos y de su utilidad como probiótico.

Y otra cuestión que ha de vigilarse es que su cantidad de azúcar quede reflejada y esté bien ajustada. No olvidemos que el objetivo de ingerir kombucha no es obtener energía de rápida asimilación.

Fuentes bibliográficas

  1. Houda Battikh, Kamel Chaieb, Amina Bakhrouf, Emna Ammar. Antibacterial and antifungal activities of black and green kombucha teas. 07 June 2012.
  2. Rasu Jayabalan, Radomir V. Malbaša, Eva S. Lončar, Jasmina S. Vitas, Muthuswamy Sathishkumar. A Review on Kombucha Tea—Microbiology, Composition, Fermentation, Beneficial Effects, Toxicity, and Tea Fungus. 21 June 2014
  3. Ann M. Bode and Zigang Dong. Signal Transduction Pathways: Targets for Green and Black Tea Polyphenols. The Hormel Institute, University of Minnesota, Austin, MN 55912, USA. Received 28 October 2002
  4. R.JayabalanaS, MarimuthubK. Changes in content of organic acids and tea polyphenols during kombucha tea fermentation. Food Chemistry. Volume 102, Issue 1, 2007, Pages 392-398
  5. Semantee Bhattacharya, Ratan Gachhui, Parames C. Hepatoprotective properties of kombucha tea against TBHP-induced oxidative stress via suppression of mitochondria dependent apoptosis. June 2011Volume 18, Issue 3, Pages 221–234
  6. Shinichi Kuriyama. The Relation between Green Tea Consumption and Cardiovascular Disease as Evidenced by Epidemiological Studies. The Journal of Nutrition, Volume 138, Issue 8, 1 August 2008, Pages 1548S–1553S. 01 August 2008
  7. Ahmed Aloulou,corresponding author Khaled Hamden, Dhouha Elloumi, Madiha Bou Ali, Khaoula Hargafi, Bassem Jaouadi, Fatma Ayadi, Abdelfattah Elfeki, and Emna Ammar. Hypoglycemic and antilipidemic properties of kombucha tea in alloxan-induced diabetic rats. BMC Complement Altern Med. 2012; 12: 63. Published online 2012 May 16

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Valoración Kombucha

Fuente hidratación - 100%

Antioxidante - 99%

Elaboración casera - 100%

Eficacia - 100%

100%

Evaluación HSN: 5 /5
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