Testosterona y su relación con el sexo, el entrenamiento y la agresividad

Testosterona y su relación con el sexo, el entrenamiento y la agresividad

No tendría nada de particular que haya llegado a tus oídos la cuestión del nexo existente entre la testosterona y el desarrollo muscular, que genera no pocas dudas ente los deportistas. Aquí te trataremos de aclarar la relación entre testosterona, sexo y entrenamiento.

En este orden de cosas, preguntas como si las relaciones sexuales afectan al rendimiento deportivo o si la abstinencia sexual permite ganar agresividad y potenciar los entrenamientos, están a la orden del día. Y ello, se traten o no de un mito.

¿Qué relación hay entre la testosterona, sexo y entrenamiento?

Ciertas creencias sobre el sexo, la testosterona y el entrenamiento

Si eres habitual del gym, es probable que tú mismo te hayas preguntado en alguna ocasión cuestiones tales como, ¿El sexo llega a obstaculizar mis entrenos? o ¿La práctica frecuente de sexo afectará mi ganancia de masa muscular/rendimiento deportivo?

Interrogantes como estos cobran especial importancia en el caso de deportistas de élite que se encuentran en momentos previos a la competición. No obstante, el sexo y su influencia en los niveles de testosterona pude afectar a nivel deportivo a cualquier persona, con independencia de su edad, género o nivel de actividad física.

Lo primero que te interesa conocer al respecto que los deportistas jóvenes de sexo masculino son los más preocupados por este tema. Parece ser que a las mujeres es un tema que les genera menos quebraderos de cabeza y ello aunque el colectivo femenino tampoco está a salvo del impacto de los cambios hormonales que derivan del sexo y la masturbación.

A estas alturas seguro que ya sabes que son muchos los deportistas que optan por la abstención de las relaciones sexuales antes de un evento deportivo, por creer que el sexo puede afectar a su rendimiento deportivo.

A tales efectos, podemos tomar en consideración uno de los ejemplos más llamativos: el de Mohammed Ali. Y es que el astro del boxeo indicó en cierta ocasión que dejaba de practicar relaciones sexuales… ¡hasta 6 semanas antes de un combate! Un período de tiempo significativo y que respondía al hecho de que él estaba seguro de que su abstención incrementaba su agresividad y le permitía descargarla durante el combate.

Sexo frecuente como indicador de la libido

No hace falta ser un lince para estar al tanto de que el sexo es una parte importante e imprescindible de la vida, que además es muy natural. Son múltiples las encuestas que avalan que estar satisfechos a nivel sexual equivale a gozar de calidad de vida, en el caso de los hombres.

Este dato no tiene nada de particular si tienes en cuenta que existen evidencias de que las fantasías sexuales asaltan a los hombres una vez cada cinco minutos, ¡y eso tirando por largo!

Pero, ¿en qué momento comienzo la libido a decaer? Pues se tiene conocimiento de que los niveles más elevados de libido en los hombres se sitúan entre los 20 y los 27 años, mientras que en el caso de las mujeres van más alá, de los 30 a los 35 años.

Dicho esto, es interesante observar que los niveles elevados de libido se corresponden con testosterona alta. ¿En qué se traduce esto? Pues en que quien los posea podría disfrutar de una ventaja en el gimnasio, debido a que los niveles de testosterona en el organismo son indicativos de la capacidad de incrementar la masa muscular magra.

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Lo analizado hasta ahora nos lleva a concluir que si observamos un descenso de nuestro nivel de libido habitual, tendríamos que plantearnos hasta qué punto podrían disminuir nuestro rendimiento en el gimnasio o en deportes de fuerza o potencia. Sirva como ejemplo que las causas del descenso de libido habitual no suelen tener que ver con los problemas de pareja, pero sí con el estrés, el descanso o la alimentación.

Gimnasio y Testosterona

¿Cómo afecta la actividad sexual a las hormonas?

Para analizar esta cuestión vamos a hablar de la actividad sexual desde dos prismas:

1. El orgasmo

Podemos definir el orgasmo como una descarga de la tensión, en el que se produce una liberación central de los opioides, cannabinoides, dopamina, serotonina y noradrenalina, entre otros neurotransmisores. ¿El resultado? Una sensación de placer y de euforia generalizada (Pfaus, 2009). Durante el mismo se produce:

  • El alcance de intensidades de pico en la frecuencia cardíaca, la presión arterial y la ventilación.
  • La conversión del control muscular en su mayor parte en involuntario y espasmódico.

Toca en este momento hablar del cortisol como una hormona muy conocida y que se relaciona especialmente con el deporte y el sexo. Denominada “hormona del estrés”, durante la actividad sexual, aumenta sus niveles en sangre, permitiendo la excitación y la activación del Sistema Nervioso Central.

2. Post-orgasmo: período refractario

El principal fin de esta fase es el retorno a los niveles basales de todas las hormonas que logran producirnos sensación de felicidad y excitación. Para lograrlo, se liberan a la sangre generosas cantidades de prolactina en el caso de los hombres y de oxitocina en el caso de las mujeres.

Ambas hormonas, cada una en su nivel, producen efectos que conllevan la disminución en los niveles de la libido, así como cambios en el humor, sueño y dolor de cabeza, pero sobre todo, por la parte que a este análisis interesa, disminución de los niveles de testosterona.

Ello nos lleva a querer averiguar cuál es la duración de este período refractario para determinar si puede o no interferir en el entrenamiento.

Ante todo, decir que no abundan estudios sobre el tema y los pocos que hay indican que la duración para alcanzar los niveles basales se sitúan en 3-4 horas según la duración y la intensidad del acto sexual, entre otros factores.

¿Sexo = Yoga?

Esta asimilación, cuando menos puede calificarse de curiosa. No en vano, uno de los estudios más completos que existen en relación a este tema se dedicó a comparar ambas actividades. Para conseguirlo, se llevaron a cabo una serie de lo que podríamos calificar “test de rendimiento” en 3 momentos distintos:

  • En estado de normalidad basal.
  • Por la mañana, transcurridas 8 horas de sueño y tras una sesión de yoga de 15 minutos la noche anterior.
  • Por la mañana, transcurridas 8 horas de sueño y tras haber practicado sexo la noche anterior.

Los mencionados test rendimiento incluyeron actividades físicas tales como carrera de sprint, dominadas y ejercicios de flexibilidad, fuerza de agarre, salto vertical y tiempo de reacción.

Pues bien, los resultados únicamente fueron llamativos a efectos de:

  • El aumento de la longitud alcanzada en los estiramientos, experimentado en el grupo que había realizado la sesión de yoga la noche anterior.
  • El aumento del número de dominadas efectuadas, experimentado en el grupo que tuvo sexo la noche anterior, respecto a los niveles normales.

Yoga y Sexo

Consulta aquí la conclusiones

Llega hasta aquí nuestro análisis y cabe establecer conclusiones respecto a la práctica de sexo/masturbación en 3 momentos distintos:

  • Antes del entrenamiento. Si partimos del dato que se ha demostrado que el material pornográfico es capaz de estimular la producción de testosterona y agresividad masculina, cabe la posibilidad de que la visión de este tipo de material antes del ejercicio también pudiera beneficiar a una sesión de entrenamiento de fuerza, potencia o hipertrofia. Pese a ello, es cierto que debería evitarse la actividad sexual al menos 3-4 horas antes del entreno.
  • Después del entrenamiento. Existen estudios que indican que la masturbación o práctica de sexo (siempre que te dejen fuerzas) en torno a una hora después del entrenamiento, puede incrementar la funcionalidad del sistema inmunológico. Ello supone una ayuda en la recuperación del ejercicio (aumento de producción de las células satélite).
  • A largo plazo y durante períodos competitivos. La práctica de relaciones sexuales no tiene por qué ejercer una influencia negativa en los resultados salvo que se realice con una frecuencia tal que no permita el entrenamiento. Tanto es así que la práctica de sexo habitual mantiene elevados los niveles de testosterona, lo que puede suponer una gran ventaja, en especial en los deportes de fuerza y potencia.

¿Por qué se relacionan gimnasio, testosterona y agresividad?

La siguiente cuestión que vamos a analizar tiene que ver con el hecho de que las propiedades anabólicas de la testosterona se hallan perfectamente documentadas en relación al entrenamiento de fuerza e hipertrofia.

Esta es la razón por la que se han encontrado correlaciones positivas y un nexo de causalidad entre el aumento del área de la sección transversal muscular y las elevaciones inducidas por el entrenamiento.

Dicho esto, ¿tienes claro si hay algo de cierto en el pensamiento de que un mayor nivel de testosterona se relaciona de un modo directo con mayor agresividad? Intentaremos arrojar luz al respecto.

Uno de los argumentos en los que se sustenta la correlación gimnasio, testosterona y agresividad, ha sido extraído de estudios realizados con ratones que nos llevan a concluir que;

  1. La castración reduce la agresividad.
  2. El reemplazo hormonal efectuado en los ratones castrados lleva a la recuperación de la citada agresividad.
  3. La administración de testosterona a hembras (ratas) reproduce el efecto agresivo.

Huelga decir que, aunque fisiológicamente los seres humanos guardemos un cierto parecido con los ratones, en términos socio-culturales no ocurre lo mismo.

Esto sucede porque los ratones cuentan con un sistema reproductivo y territorial muy distinto al de los seres humanos. Así, podemos poner como ejemplo el hecho de que un ratón macho cuenta con un harén de hembras que precisa defender frente al resto de machos. Y, mucho nos tememos que para frustración de algunos hombres, esto no es lo que predomina entre las personas.

He aquí el motivo de que, aunque la testosterona pueda probar que los ratones sean más agresivos, no puede hacer lo mismo con las personas.

Esta es la hipótesis del desafío

Los niveles de testosterona responden ante desafíos y ante estímulos de carácter sexual.

Es más, podríamos afirmar que el nivel de testosterona se incrementa anticipando posibles desafíos, lo que fomenta comportamientos encaminados al vencimiento.

Vamos a poner un ejemplo que se da en el ámbito del deporte y que nos parece de lo más clarificador. El objetivo principal del deporte es el de vencer al adversario, bien sea en equipo o individualmente. En tales casos, se viene demostrando que:

  • Conforme se acerca el momento de la competición, los niveles de testosterona aumentan respecto a los basales, tanto en hombres como en mujeres.
  • Tras la competición, vencer incrementa todavía más los niveles de testosterona respecto a los anteriores a la competición. Esto solo ocurre con los hombres.
  • Por el contrario, perder reduce los niveles de testosterona respecto a los anteriores a la competición. Esto ocurre tanto en hombres como en mujeres.
  • Los hombres que vencen en la competición, muestran más ganas de ganar tras de la misma, aunque ello suponga adoptar un comportamiento más agresivo.

Testosterona, agresividad

¿Se puede extrapolar al gimnasio?

En el anterior apartado, acabamos de hacer referencia a términos como “vencer” en el deporte. En tal contexto, su significado no induce a error alguno. Ocurre que en el gimnasio, la mayoría de los practicantes de musculación no pretenden vencer a rival alguno. Sus propios rivales son ellos mismos, lo que hace que el aludido término “vencer” o el de “ganar” adquiera una mayor complejidad.

Te pedimos que hagas una reflexión: ¿Sueles estarás más agresivo o mostrarte más enfadado contigo mismo después de completar tu entrenamiento según lo previsto o después de haber fracaso en tus previsiones?

La respuesta es obvia. La mayoría de nosotros nos sentimos mal siempre que fallamos y no cumplimos nuestros objetivos. Ahora bien, esto no se traduce necesariamente en que en tal caso los niveles de testosterona sean más elevados.

Y es que, contra todo pronóstico, el estrés liberado por la falta de consecución de los objetivos permite que el organismo libere más cortisol de un modo natural (hormona catabólica) del que se genera durante el entrenamiento de por sí.

Por otra parte, completar adecuadamente el entrenamiento según la planificación favorece la producción de una mayor sensación de bienestar, gracias a las endorfinas y un factor más: la liberación de hormonas anabólicas como puedan ser la testosterona.

En resumen, no existe un nexo de causalidad ente el incremento de testosterona y el aumento de agresividad de un individuo tras el entrenamiento.

Consulta aquí las conclusiones

¡Toma nota de las siguientes conclusiones sobre la testosterona!

  • Te prepara para afrontar un desafío.
  • Aumenta en respuesta a vencer el desafío.
  • No solo mejora con la agresión física.
¡Ojo! Ten presente el hecho de que el nivel de testosterona va a depender del contexto. Por ello, cuando una situación precisa agresión física, todos los aspirantes al vencimiento van a acudir a la agresión para vencer. Además, las personas a quienes se les administra testosterona son más propensas a entender como conflictiva una situación que en realidad es normal.

Por último y, siempre que la situación que las eleve a la categoría de vencedores o reconocidos requiera de altruismo, tales personas van a experimentare una elevación de los niveles de testosterona que permita sacar su mejor versión, de modo que su discurso será perfecto o estarán dispuestos a colmar de atenciones a su pareja.

Testosterona y agresividad

Fuentes Bibliográficas:

    Valoración Sexo, Testosterona y Entrenamiento

    Creencias - 100%

    Sexo como parte de la vida - 100%

    Influencia de las hormonas - 100%

    Conclusiones - 99%

    100%

    Evaluación HSN: 5 /5
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    1. Informacion extremadamente interesante y ademas bien explicada. Mis diez para el autor

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