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Soy diabético tipo 1, ¿y ahora qué?

Soy diabético tipo 1, ¿y ahora qué?

Sí, no es sólo un título sensacionalista, resulta que a mis 43 años se ha activado mi genética y mi sistema inmunológico lleva un tiempo atacando mi páncreas con el resultado de padecer diabetes LADA o tipo 1.5, vamos una diabetes tipo 1 pero en adultos, la enfermedad ha estado latente hasta ahora, pero os voy a contar cómo empezó todo.

Me interesa compartir con vosotros mi caso por si alguien tiene algo similar, ya que cuanto antes se ponga con un buen tratamiento, más posibilidad hay de tener mejor controlada la enfermedad, sea el tipo que sea.

Tipos de Diabetes

Antes de nada, para el que no lo sepa, la diabetes en general, independientemente del tipo que se tenga, es una condición en la que la insulina no puede comunicarse correctamente con nuestras células. Atendiendo al tipo de diabetes que padezcamos, los motivos por los que se produce son claramente diferentes:

  1. Diabetes tipo 1, es el propio sistema inmunológico el responsable de destruir las células beta del páncreas responsables de sintetizar la insulina;
  2. Diabetes tipo 2, los receptores de las células se vuelven resistentes a los efectos de la propia insulina. Independientemente del motivo que genere una u otra dolencia, en ambos casos el resultado se traduce en altos niveles de glucosa en sangre.

En el caso de la diabetes tipo 1, esta regulación de niveles se controla a través de inyecciones de insulina y dieta; mientras que en la diabetes de tipo 2 generalmente se recurre únicamente a la dieta y, a veces, a medicamentos de glucosa en sangre.

Los síntomas de la diabetes en mi cuerpo

A principios de diciembre empecé a sentirme más cansado de lo normal, aunque es algo que nunca tengo muy en cuenta, todo depende de la intensidad con la que entrene, el descanso que tenga, cuánto, cuándo y cómo me alimente y, sobre todo, del estrés laboral que tenga en ese momento, así que, a ese cansancio crónico no le di mucha importancia aunque lo que si me extrañaba un poco era mi necesidad continua de beber agua.

Pasaron un par de semanas en ese estado pero mi necesidad de hidratarme parecía no tener fin. Bebía en torno a 7-8 litros de agua diarios, incluso después de los partidos de pádel, en los que suelo beber un litro de agua, me podía beber otro litro y medio del tirón, algo poco habitual, y además la sensación de sed era constante, incluso después de beber agua.

El beber mucho agua implica tener que orinar muchas veces, lo cual a finales de diciembre ya era bastante incordio tener que levantarse cada noche cuatro o cinco veces a hacerlo. Esto no me hizo sospechar nada, pero todo empezó a enturbiarse más al comenzar a ver borroso a cierta distancia. Mi vista sólo enfocaba correctamente un par de metros, y a más distancia los objetos empezaban a volverse borrosos, cosa que nunca antes me había pasado.

Las matriculas de los coches no las enfocaba bien y las letras de los diferentes carteles con los que me cruzaba a diario, los cuales leía a diferentes distancias hasta entonces, se me hacían casi imposible de diferenciar. Entonces sí empecé a preocuparme por el conjunto de síntomas y, por si fuera poco, sufrí algunas infecciones y heridas que no se curaban tan rápido como lo hacían antes.

Aglutinando todos los síntomas la enfermedad parecía clara: diabetes

Pero yo nunca había oído hablar de diabetes LADA. La diabetes 1 solía diagnosticarse en personas jóvenes de no más de 30 años y la diabetes tipo 2 no encajaba para nada conmigo, mis células no eran resistentes a la insulina, todo lo contrario, no tengo obesidad ni abuso de una nutrición totalmente desbalanceada; además, de no ser para nada sedentario, pero aun así, en principio, creí que sería diabetes tipo 2, así que con todo esto me fui a medicina interna de una clínica privada de Bilbao, dando en los resultados de la analítica 289 de glucemia en ayunas y PCR menor de 0,05 (esto indica la producción de insulina del páncreas).

La insulina exógena y la odisea en el Endocrino

Con el diagnóstico claro (diabetes mellitus tipo LADA ó 1.5, que es lo mismo que tipo 1), me derivaron de urgencia al endocrino donde la doctora me pondría una dieta, unas pautas y me explicaría todo lo necesario para controlar y comenzar a simular que mi páncreas seguía existiendo.

Me inició en el mundo del glucómetro (mediciones de glucemia con punzamiento en las yemas de los dedos) y me pautó una insulina lenta (16 unidades) para la noche, sólo para ver como reaccionaba y si era lo suficientemente hábil para ponerme la insulina y controlar mi glucemia.

Además, me pautó una dieta con una relación de 65% carbohidratos, 15% proteína y 10% grasa, vamos una dieta según ella muy saludable, a lo que yo discrepé pero de momento opté por hacer caso. Lo mejor de todo era que tenía que comer pan, mucho pan, si no quería arroz o pasta o legumbres me tenía que comer una barra de pan en la comida y otra en la cena. Alucinante!!!!

Pero la peor noticia no era darme cuenta que la endocrina estaba anclada en las dietas «saludables» ricas en carbohidratos exclusivamente, sino que me quitaba la posibilidad de hacer deporte porque tenía cetoacidosis y era muy peligroso practicarlo en esa situación.

¿Qué es la cetoacidosis?

La cetoacidosis sólo se puede dar en diabéticos y se produce cuando el cuerpo entra en cetosis pero en sangre (y en orina) existe glucosa. Esto pasa porque al no generar insulina, la glucosa no se asimila (como ejemplo, en navidades con todo lo que pude comer… y cómo pasé de 86kg a 79kg). El cuerpo necesita energía y la saca de la grasa convirtiéndola en cuerpos cetogénicos que, tanto el mismo cuerpo como nuestro cerebro, usa como «combustible» idóneo (sí, digo idóneo porque durante millones de años así fue). El problema es que el PH no es el correcto y puede darte hasta un paro cardíaco.

Al cabo de 3 días volví con mis anotaciones glucémicas y la dieta cumplida a rajatabla, eso sí con una glucemia exponencial en cada medida de la misma, de 100 en ayunas acababa el día con 280, algo evidente con tanta cantidad de hidratos y con una insulina lenta que sirve (en teoría) para mantener estable la glucemia en sangre todo el día, excepto en los picos generados por las comidas.

Pero lo curioso fue que la médica me felicitó, y dijo que ahora empezaríamos con la insulina rápida, (no sé porqué pero parecía estar encantada con recetarme más insulina, esta vez de otro tipo), una noticia peor incluso que el no poder hacer deporte, lo cual moralmente me sumió en profundo pozo negro.

Ahora, delante de cada comida, me tenía que inyectar 6 unidades de una insulina rápida. Esta cantidad era una pauta general, debía empezar con una pauta baja para ajustar mi dosis que, según ella, para mi peso sería de casi 20 unidades de esa insulina. Esta insulina, concretamente, haría bajar la glucosa en sangre derivada de meter arroz, pasta o pan en cantidades ingentes en la dieta «sana y equilibrada» que me había pautado.

La norma general  más usada es que para compensar 10g de carbohidratos (que ellos llaman ración) se use una unidad de insulina rápida, pero para empezar suave se me pautó una unidad por cada 20g. Así que con los 120-140g de carbohidratos diarios recomendados, esa dosis de insulina me haría bajar la glucosa a rangos normales

Pues no fue así, me lo bajó, pero no a parámetros normales ya que me dieron un total de tres hipoglucemias y a la cuarta lo anoté todo y me fui para el hospital, donde me ingresaron para que «aprendiera» a comer y pincharme. Lo curioso es que en el hospital me dio otra hipoglucemia, con la comida de allí y poniéndome ellos la cantidad de insulina (yo ya lo veía venir y se lo había dicho pero…)

Al final vi que mi relación era de 50g de carbohidratos para 1 unidad de insulina, no entiendo aún por qué no se empezó con una relación mucho más baja para que no me dieran tantas hipoglucemias, pero bueno, así es la medicina alopática tradicional, se pautan generalidades que en muchos casos no son correctas, aunque hay que reconocer que no es fácil. Con esto mi idea de que mis células son super sensibles a la insulina quedo más que confirmada.

Dieta no alta en carbohidratos

La vuelta a la consulta de la endocrina fue incómoda, mi idea era hacer cetosis y así no tener que necesitar al menos la insulina rápida, pero ella ya había dejado claro que el cerebro sólo se alimenta de glucosa (madre mía como me sentó oír esa afirmación) y que la cetosis era dañina, no sólo para mi por ser diabético y por las posibles cetoacidosis, sino que era malísima para todo el mundo.

No iba a hacer cetosis, vale, más que nada por la posibilidad de caer en cetoacidosis, aunque la verdad me parece inverosímil que el cuerpo genere tanta glucosa a partir de la proteína (gluconeogénesis) como para elevar la glucemia tanto y durante tanto tiempo, a la vez que hace cetosis, pero bueno, mis conocimientos no son de tal magnitud como para hacer una locura, pero lo que sí iba a hacer era una dieta baja en hidratos para no tener necesidad de inyectarme tanta insulina.

El problema de inyectarse insulina es que te pases con la dosis o que metas al final menos hidratos que los pautados y te de una hipoglucemia. Además de que, como ya me dejaba hacer deporte, esa insulina exógena podría conllevar que el deporte provocara una hipoglucemia.

Lo bueno de hacer deporte es que las células no necesitan insulina para captar la glucosa de la sangre, el cuerpo «deja entrar» la glucosa porque tiene más necesidad debido a la actividad física.

Con todo, tras un par de semanas con dieta no alta en hidratos (<30% hidratos), mi glucemia estaba súper estable, ya no necesitaba insulina rápida antes de las comidas y la insulina lenta la había bajado ya a 6 unidades antes de dormir.

Acudí de nuevo a la consulta de la endocrina para una nueva revisión y cuál fue mi sorpresa que no estaba para nada contenta, ya que no hacía caso a su pauta nutricional de seguir una dieta alta en hidratos (bueno para ella 60% no es alta en hidratos sino equilibrada) con lo cual tomé la decisión de no volver a acudir a su consulta.

Protocolo Paleo Autoinmune (AIP)

Tengo que decir que ahora mismo estoy en lista de espera de otros 2 endocrinos, uno por lo privado y otro por lo público (que madre mía que listas de espera hay!) y tengo claro que la medicina tradicional no me va a curar. En esta enfermedad, como en muchas otras, sólo se dedican a tratar los síntomas, no la causa del problema, es decir, se pauta insulina para que se pueda hacer vida lo más normal posible y se hace crónico, la diabetes es una enfermedad incurable.

La causa del problema no se trata, porque la causa es una enfermedad autoinmune, me explico:

…la diabetes se ha producido porque el cuerpo ha generado anticuerpos que confunden a un invasor con las células beta del páncreas, responsables de generar insulina, y acaban con ellas, por lo que al final se deja de generar insulina…

Mi idea es seguir yendo a algún endocrino que no le importe que haga dieta no alta en hidratos para que me controle la hemoglobina glicosilada, que es la que indica si la glucemia se lleva bien controlada durante varios meses, y realizar una dieta que mejore mi autoinmunidad, esa dieta ya la he empezado es la Dieta Paleo, pero en concreto estoy siguiendo el protocolo paleo autoinmune (AIP).

Llevo sólo una semana siguiéndolo, en el siguiente post os hablaré de qué es y cómo realizarla, pero decir que su función es mejorar el sistema inmumológico. Tengo que decir también que llevo una semana sin usar ningún tipo de insulina exógena, ni siquiera la lenta, esto es porque mi páncreas todavía genera algo de insulina así que con una dieta no alta en hidratos no necesito insulina exógena, no está mal, ¿no?

¿Por qué se ha activado mi diabetes?

Para acabar este post, sobre mi nueva enfermedad autoinmune, voy a explicar por qué se ha activado, con el fin de que vosotros pongáis un poco más de precaución, porque con un poco de atención se pueden prevenir.

Para que se desarrolle una enfermedad autoinume se necesita que se den 3 conceptos:

  1. Predisposición genética: aunque las enfermedades autoinmunes no son enfermedades genéticas, sí es necesaria una predisposición genética para que se desarrollen. Esto significa que ciertas combinaciones de genes conducen a un mayor riesgo de desarrollar una enfermedad autoinmune que otras, pero no sólo por tener esta predisposición vas a tener una enfermedad autoinmune.
  2. Factor ambiental: para que esa predisposición genética se active debe de existir un factor desencadenante externo que cause la reacción autoinmunitaria como pueden ser las infecciones, vacunas o inmunizaciones, los cambios hormonales, el tabaco o el estrés entre otros.
  3. Intestino permeable: aquí está, desde mi punto de vista, la clave del problema porque tener el intestino permeable o no depende, casi exclusivamente, de la alimentación que lleve uno mismo. Pensemos en el revestimiento de nuestro tracto digestivo como si de una red de pequeños agujeros se tratara, los cuales sólo permiten que determinadas sustancias pasen a través, es la barrera que mantiene fuera las partículas más grandes que pueden dañar nuestro sistema.

Ahora bien, si tenemos el intestino permeable, puede «colarse» una proteína grande (no un aminoácido que es lo que se espera) y el sistema inmunológico creará anticuerpos para destruirla. El problema es que por la predisposición genética, nuestro sistema puede equivocar esa proteína con células de nuestro organismo (tienen similar composición) de ahí que se ataque a partes del propio cuerpo, en mi caso a las células beta del páncreas.

Con todo esto nos queda claro que hay que cuidar al máximo la mucosa intestinal para que no sea permeable y deje pasar partículas que no deberían pasar. Para esto hay que tener en cuenta a las «4 bestias negras» de la alimentación que hacen que tengamos un intestino permeable: el azúcar, la soja, los lácteos y el gluten.

En un siguiente artículo explicaré más en detalle el Protocolo Paleo de Autoinmunidad para el que quiera saber cómo mejorar la mucosa intestinal o por si tiene alguna enfermedad incontrolable, etc.

(NOTA: Con este escrito no quiero ir en contra de la medicina tradicional, lo normal es seguir siempre las pautas médicas al pie de la letra, aunque en mi caso la medicina alopática da por perdida mi batalla desde el principio. Así que en mi caso voy a probar durante algún tiempo otras pautas naturales, relativas a alimentación genética inteligente, a ver qué pasa!)

Enlaces Relacionados con la temática:

Valoración Diabetes Tipo 1, ¿y ahora qué?

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Dieta no alta en carbohidratos - 100%

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2 comentarios
  1. Mi estimado, soy diabético tipo 1, me ha gustado tu articulo y me ha parecido muy interesante y de mucho provecho, me gustaría seguir aprendiendo, sobre todo que haz aclarado una duda que he tenido todo el tiempo: hablando de hacer deporte que no era necesario la insulina para conducir la glucosa a las celulas!

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