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Equinácea

La equinácea ha adquirido un gran protagonismo desde unas décadas atrás en los campos de la dietética y la fitoterapia, posicionándose por derecho propio entre los remedios naturales más eficaces, en un terreno en el que la competencia es inmensa.

Realmente, el comienzo de su participación en la medicina tradicional hay que datarlo en los albores del siglo XX. Y ahora ya son numerosísimos los preparados elaborados a base de equinácea que podemos encontrar en el mercado, formando parte de ellos la integridad de la planta, raíz, flores, tallo, hojas y semillas.

Pero ¿qué es en realidad la equinácea?

Se trata de una especie herbácea de bella apariencia, similar a la margarita, diferenciándose de esta en el mayor tamaño de su flor y en la rugosidad y la presencia de pequeñas púas de su tallo.

Además deja ver en sus discos florales, de aspecto tubular y habitualmente dotados de espinas terminales, unas estrechas lengüetas de tonalidad morada. Su nombre procede del término griego echinos, que significa erizo, aplicado probablemente por la similitud a este animal de sus flores y su fruto.

Integrante de la familia de las Asteraceae, cuando hablamos de equinácea realmente hacemos alusión a un nutrido catálogo, veintitrés especies, trece de las cuales no son consideradas aptas para el consumo humano. Y entre las diez seleccionadas, tres de ellas acaparan la casi totalidad de la demanda: Pallida, Angustifolia y Purpúrea.

Índice

    1. Pero ¿qué es en realidad la equinácea?
    2. ¿De dónde proviene?
    3. Cómo se cultiva y cómo se reproduce la equinácea
    4. La equinácea, un excelente potenciador inmunológico
    5. Los beneficios reconocidos de la equinácea
    6. Contraindicaciones y efectos secundarios de la equinácea
    7. Algunas sustancias con las que combina eficazmente la equinácea
      1. Propóleo
      2. Uña de gato
      3. Malvavisco
      4. Gayuba
    8. Formas de tomar la equinácea

¿De dónde proviene?

Sus orígenes deben buscarse en el este de Norteamérica, en cuyo territorio, al parecer, durante el siglo XVIII se generalizó su consumo por parte de la población aborigen, si bien se han localizado evidencias de su uso incipiente por indios Sioux ya en el XVI. En forma de cataplasmas, como enjuague y como té la usaba para preservar su salud de los rigores invernales.

Asimismo, se tiene conocimiento de la fe que depositaban en la equinácea para tratar heridas infectadas y como antídoto contra las mordeduras de algunas serpientes. Allí sigue teniendo sus principales hábitats de desarrollo, especialmente tierras de llanura, praderas y colinas de arena caliza, donde prolifera espontáneamente.

Cómo se cultiva y cómo se reproduce la equinácea

Cultivo de la Equinácea

Aunque para su óptimo desarrollo es más favorable el clima templado, la equinácea hace gala de una extraordinaria resistencia a condiciones térmicas extremas, pues sobrevive bajo persistentes heladas y también en los tórridos veranos del clima continental. De lo que sí es muy dependiente es de un abundante número de horas de sol, por lo que le son hostiles los climas septentrionales caracterizados por persistentes nieblas y días lluviosos frecuentes.

En lo que a las características del suelo respecta, es más rigurosa en sus exigencias que respecto del clima, ya que solamente crece de forma fructífera en suelos arcillosos, porosos y con buena capacidad de retención de agua. De hecho, un suelo limoso o compacto es bastante inapropiado para el cultivo de la equinácea, la cual encuentra en este tipo de suelo serios obstáculos para echar raíces.

Referente al riego, aunque soporta la sequía, conviene mantener cierto punto de humedad constante para que prospere bien, pero en el polo opuesto, es importante no abusar del riego, porque termina pudriendo las raíces.

La forma habitual de crear plantas para su siembra consiste en depositar superficialmente las semillas, al inicio de la primavera, en un suelo previamente acondicionado a base de turba, velando por que su drenaje sea el adecuado. Esas semillas deben quedar finamente protegidas por una capa de arena, sin llegar a estar enterradas.

Es importante respetar una distancia mínima entre semilla y semilla de alrededor de 30 cm, así como entre los canalones de semillas, que estarán separados unos 45 cm.

Cabe esperar la germinación en un margen de 15-20 días, siempre que se mantenga una media de 25 °C, y una vez lograda, para realizar un trasplante hay que esperar al menos mes y medio para asegurar su viabilidad. Pero no solo existe este método para la reproducción de la equinácea. En concreto, hay uno interesante que es de división de la raíz, cuya época idónea es otoño, en el que se manejan plantas de una edad entre 3 y 5 años, de cuyas raíces se cortan trozos de 12 centímetros, de cada uno de los cuales nace un nuevo ejemplar.

La equinácea, un excelente potenciador inmunológico

Estamos hablando de la que posiblemente sea la especie vegetal más trabajada entre las que tienen propiedades medicinales para potenciar el sistema inmunológico.

De hecho, le avalan numerosos ensayos de laboratorio que han puesto de relevancia su claro efecto promotor de la producción de linfocitos T (la fracción de los glóbulos blancos más implicada en la neutralización de agentes invasores) y de interferón (una proteína de acción inespecífica que reacciona ante antígenos víricos).

Pero no termina ahí su papel dentro del sistema inmunitario, sin duda la virtud que más le caracteriza. Tiene la consideración de agente inmunomodulador, es decir, aquel que regula la respuesta del sistema, lo que se traduce en que envía estímulos a la acción de los macrófagos, unas células gigantes capacitadas para la inclusión de cuerpos extraños en su interior y su destrucción, así como supone un refuerzo al tropismo (tendencia) de las células defensivas para desplazarse a los puntos en los que tienen que combatir una infección.

Estas propiedades pueden explicarse por la riqueza de la raíz de la planta en tres sustancias, equinacina, ácido cafeico y ácido chicórico, que son poderosos estimulantes de la fabricación de glóbulos blancos en la médula ósea entre otras virtudes:

  • El ácido cafeico, cuya presencia está muy extendida en el reino vegetal como pieza clave en la síntesis de lignina (sustancia de recubrimiento de muchas células a la que se debe la consistencia de madera), es un potente antioxidante que protege del cáncer.
  • El ácido chicórico comparte con el anterior la propiedad de prevenir el estrés oxidativo, pero además parece que disminuye la acumulación de proteínas beta-amiloideas cuyo papel en el desarrollo del Alzheimer es importante.

Recientes investigaciones apuntan como sólida posibilidad a la existencia de un mecanismo con el que la equinácea justificaría buena parte de su eficacia inmunológica. Se trata de su capacidad para contrarrestar la acción de la enzima hialuronidasa, causante de la pérdida de la firmeza característica del ácido hialurónico, la sustancia que actúa como cementante de los espacios que se intercalan entre las células. Al evitar este fenómeno, contribuiría a preservar una barrera inmunitaria natural de los tejidos, el ácido hialurónico.

Como conclusión del poder estimulante del sistema inmune de la equinácea, podemos hacer una relación de aquellos procesos en los que tiene excepcional cabida como coadyuvante de su tratamiento, por tratarse de enfermedades asociadas a situaciones de debilidad inmunitaria del organismo. Entre ellos, podemos destacar:

  • Herpes
  • Candidiasis vaginal
  • Cistitis y uretritis
  • Psoriasis
  • Artitis reumatoide
  • Migrañas
  • Orzuelo (infección de un folículo piloso en las pestañas)
  • Enfermedades de transmisión sexual (SIDA, gonococia, sífilis y gonorrea).
  • Enfermedad pulmonar obstructiva crónica (EPOC), fiebre del heno y sinusitis.

Los beneficios reconocidos de la equinácea

beneficios de la Equinácea

Los beneficios de la equinácea están sobradamente respaldados por la máxima autoridad sanitaria mundial, la Organización Mundial de la Salud, así como otros reputados organismos como la ESCOP (European Scientific Cooperative On Phytotherapy) o la Comisión E de Alemania, lo cuales la tienen catalogada como antibiótico natural de primera elección en el tratamiento de los procesos infecciosos, especialmente los relacionados con vías respiratorias, tracto urinario y con la piel.

La base científica para tal consideración la aporta la equinacosida, un antibiótico natural cuyo abanico de gérmenes que quedan bajo su dominio es equiparable al de la penicilina y otros antibióticos de amplio espectro.

No quedaría completa la composición de la equinácea en principios activos terapéuticos, sin aludir a la presencia de arabinogalactano, un hidrato de carbono complejo al cual recientes investigaciones señalan como factor de destrucción de células cancerosas.

El uso más habitual y popular de la equinácea es combatir los síntomas del catarro común, fundamentalmente la fiebre, la producción de moco y la tos, actuando como expectorante, antipirético y antiinflamatorio, acelerando el proceso de recuperación.

Su gran poder antiinflamatorio le otorga también un excelente encaje en el tratamiento de las lesiones deportivas y traumáticas en general, preferentemente para la tendinitis y la bursitis (inflamación de la bolsa articular).

Es un expectorante, ayuda a combatir dos graves enfermedades, el paludismo y la difteria, y se aconseja a los afectados por el trastorno por déficit de atención e hiperactividad y síndrome de fatiga crónica. Finalmente, decir que se le atribuye cierto éxito como reforzante de las defensas en casos de pacientes sometidos a radioterapia y quimioterapia en el contexto de cuadros cancerosos.

Contraindicaciones y efectos secundarios de la equinácea

Pese a tratarse realmente de un remedio natural, para tomar la decisión de su consumo no ha de eludirse la supervisión de un profesional como puede ser un médico convencional, médico naturista u homeópata.

El Comité Europeo de Hierbas Medicinales refiere escasas situaciones en las que la equinácea puede convertirse en un enemigo:

  • En niños menores de doce años puede provocar reacciones alérgicas, manifestadas en forma de urticaria y erupciones cutáneas en los casos más leves, y un cuadro inmunitario generalizado, edema de glotis o asma en los más intensos.
  • Aquellas personas alérgicas a las plantas emparentadas con la equinácea, las relacionadas con la familia de las margaritas, son más propensas a las reacciones alérgicas a la equinácea, así como las que padecen asma crónico o tendencia congénita a la hipersensibilidad.
  • Las náuseas y algunos problemas gástricos están entre los efectos secundarios más referidos tras el consumo de equinácea. Por ello, ante la sensación de náuseas o vértigo tras ingerirla, lo prudente es parar su consumo y consultar al médico.
  • Sensación de acartonamiento de la lengua y sequedad bucal acompañada de cierto sabor extraño.
  • Insomnio.
  • Está desaconsejado su consumo en pacientes con insuficiencia hepática, así como en mujeres durante el embarazo y la lactancia.
  • Deben tomarse precauciones si se ingiere simultáneamente café, medicamentos de eliminación por vía biliar o inmunosupresores (como corticoides), pues pueden darse interacciones negativas.

Una buena forma de evitar efectos secundarios consiste en no prolongar el tratamiento con equinácea más de dos meses, siendo muy recomendable hacer un paréntesis de una o dos semanas y luego reanudar la pauta.

Algunas sustancias con las que combina eficazmente la equinácea

Propóleo

Sustancia extraída de las colmenas, muy útil para prevenir catarros y para aliviarlos una vez instaurados. Por su acción antibiótica y antigripal, está indicado en infecciones respiratorias, característica que se debe mayormente a la presencia de flavonoides que favorecen las defensas. Hay que añadir sus efectos antiinflamatorios y anestésicos, que le hacen ser una buena alternativa para combatir la sinusitis,la laringitis, el dolor de garganta y la afonía.

Uña de gato

Debido a la acción antiinflamatoria de sus glicósidos y terpenos, la uña de gato es célebre por su eficacia en la recuperación de alergias, edemas, artritis, cistitis, gota, hemorroides o prostatitis. Por otra parte, contiene alcaloides, epicatequinas y ácido clorogénico, todas ellas sustancias inhibidoras del desarrollo de tumores.

El uso de la uña de gato introduce una interesante sinergia con la equinácea en el refuerzo de las defensas y en el control de la inflamación de los tejidos.

Malvavisco

Se trata de otra planta inmunoestimulante, lo que se plasma en un incremento del vigor de los glóbulos blancos para frenar la multiplicación de los microorganismos. Una asociación de equinácea con malvavisco despliega una acción favorecedora de la cicatrización de heridas, combate las inflamaciones de las vías respiratorias y los procesos infecciosos en general, especialmente de las vías urinarias y de la cavidad oral, así como afecciones cutáneas como las provocadas por hongos o la psoriasis.

Gayuba

Una combinación ideal para combatir la cistitis, aprovechando la especificidad de la gayuba como antiséptico urinario. No obstante, solo adquiere máxima eficacia cuando la orina es lo más alcalina posible, lo que aconseja aportar a la mezcla alguna sustancia alcalinizante como el bicarbonato.

Formas de tomar la equinácea

Dado que son aprovechables todas las partes de la planta para la elaboración de preparaciones terapéuticas, es posible encontrar formulaciones en forma de extracto seco o fluido, cápsulas, tinturas e infusiones. Además, centrándonos en su uso tópico existen lociones, cremas y apósitos.

Por tratarse de un potente cicatrizante, el zumo fresco de equinácea o la tintura, aplicados de forma tópica sobre la piel, suele tener notables efectos curativos en casos de heridas, úlceras, quemaduras, hemorroides, picaduras de insectos, forúnculos, abscesos, acné, psoriasis y herpes.

A continuación proponemos una tabla aproximada de pautas de tratamiento con equinácea para diferentes situaciones:

  • Gripe, resfriado, problemas de la garganta o bronquitis: un gramo al día de suplemento de equinácea en cinco tomas.
  • Sinusitis: 800 mg al día repartidos en cinco tomas.
  • Infecciones del aparato urinario como cistitis y uretritis, 800 mg diarios repartidos en cuatro tomas.
  • Infecciones del oído y orzuelo: dos tazas de infusión de una cucharada de planta seca por taza de agua, o en forma de suplemento a razón de 600 mg diarios, repartidos en tres tomas.
  • Durante la convalecencia de enfermedades u operaciones y para el síndrome de fatiga crónica o la astenia primaveral, una dosis de 600 mg repartidos en tres tomas diarias incrementa las defensas del organismo.
  • Situaciones de "estómago perezoso" y boca seca: estimula el apetito al aumentar la secreción de saliva, favoreciendo la digestión. Puede funcionar con dos tazas diarias de una infusión de una cucharada de planta por taza de agua o mediante tres tomas de 600 mg de suplemento.
  • Tendinitis y bursitis, idéntico tratamiento que en el caso anterior.

Su administración en forma de líquido produce una sensación típica de hormigueo en la boca carente de todo peligro, más bien todo lo contrario, pues evidencia la calidad del preparado.

En lo que a las tinturas se refiere, la dosis recomendada oscila entre 30 y 60 gotas tres veces diarias si se trata de forma líquida, y entre medio y un gramo si hablamos de forma sólida. Aquellas personas cuyo peso corporal supere 75kg deben incrementar la dosis en una toma por cada 25kg adicionales.

No obstante, estas cantidades, así como las duraciones de los tratamientos, deben tomarse con las debidas reservas, ya que siempre estarán en función de la opinión autorizada de un profesional. Y asimismo conviene advertir que si bien no está desaconsejado el consumo de la planta seca, es preferible, por mayor seguridad, recurrir a suplementos de formulación normalizada.

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