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Isoflavonas de Soja

Isoflavonas de soja: alternativa contra los síntomas de la menopausia

Desde que fue descubierta por los primeros antepasados de la civilización china, la soja constituye una de las fuentes más significadas de proteínas para la alimentación humana. Su cultivo se inició en las fértiles tierras del oriente asiático, desde donde una vez que se supo de su gran valor nutritivo fue moviéndose hacia el oeste terminando por expandirse por vastas regiones de Asia y del Viejo Continente. No sería hasta las postrimerías del siglo XIX cuando su fama echara raíces en América, dos de cuyos países, Brasil y Argentina, se han erigido actualmente entre los principales productores de esta leguminosa en el mundo.

Su comercio internacional adquirió enorme trascendencia durante el período comprendido entre ambas conflagraciones mundiales, lo que fue debido a la paralización del suministro regular de aceite de coco y de palmiste por parte del Lejano Oriente. Ello provocó que la industria de las grasas vegetales dirigieran sus miras hacia la soja como planta oleaginosa que podía sustituir a aquellos.

Uno de los tesoros que esconde esta multifacética planta es la presencia en su composición química de las denominadas isoflavonas. Las isoflavonas de soja configuran un bloque de sustancias dotadas de una estructura análoga a las del principal grupo de hormonas sexuales de la especie humana, los estrógenos, un detalle que condiciona decisivamente sus usos y aplicaciones dentro de la alimentación y la farmacología. Los compuestos más abundantes, los que realmente representan el núcleo duro de su acción biológica, son tres: genisteína, daidzeína y gliciteína.

Índice

    1. Isoflavonas de soja: alternativa contra los síntomas de la menopausia
    2. De dónde proceden las isoflavonas de soja
    3. Su paralelismo con los estrógenos
    4. Sus propiedades y beneficios
    5. Isoflavonas y menopausia
    6. También el hombre puede beneficiarse de las isoflavonas
    7. Contraindicaciones y posibles efectos secundarios de las isoflavonas de soja
      1. Contraindicaciones
      2. Efectos secundarios
    8. Cómo tomar las isoflavonas
    9. Sinergias de las isoflavonas de soja con otras sustancias
    10. Comprar Isoflavonas de Soja

De dónde proceden las isoflavonas de soja

Químicamente, las isoflavonas se encuadran dentro del numeroso grupo de los polifenoles, integrado por más de seis mil sustancias cuya ubicación natural está íntimamente ligada al reino vegetal, encontrándose ampliamente dispersas en especies botánicas de muy variadas tipologías y orígenes.

El interés de este complejo químico para la búsqueda de aplicaciones y beneficios en la salud humana radica en que no son pocos los que tienen atribuida, en mayor o menor medida, capacidad fitoestrogénica, una condición que les permite ser reconocidos dentro del organismo como moléculas equivalentes a los estrógenos femeninos.

De ello se derivan acciones metabólicas y reacciones químicas que pueden resultar determinantes en el funcionamiento de algunas partes del organismo, como posteriormente se analizará.

Su paralelismo con los estrógenos

Ingrediente Isoflavonas de Soja

Los estrógenos son hormonas sexuales esteroideas (llamadas así por derivar primariamente del colesterol), principalmente sintetizadas en los ovarios pero también en las glándulas suprarrenales (dos cápsulas ubicadas junto a cada riñón de enorme importancia endocrina), por lo cual el hombre también los posee.

La función básica de los estrógenos consiste en perfilar el desarrollo de los caracteres sexuales secundarios de la mujer, como pueden ser el crecimiento de las mamas, el ensanchamiento de las caderas, la menor gravedad del timbre de voz o el escaso desarrollo de folículos pilosos.

En esencia, es debido a los estrógenos que una mujer sea reconocible como tal por su morfología.

Además de ello, se ha descrito una relación directa entre casos de infertilidad femenina y una pobre tasa de síntesis de estrógenos, cuya escasez, al parecer, puede promover la génesis de tumores, especialmente de mama.

Sus propiedades y beneficios

A grandes rasgos, las isoflavonas se comportan como antioxidantes a nivel de las membranas celulares y contribuyen a la disminución de la intensidad de los síntomas característicos de la menopausia y la posmenopausia.

Pero en su estado natural, dentro de los tejidos de la planta, las isoflavonas carecen de actividad biológica. Una vez ingeridas a través de los alimentos o los suplementos nutricionales, las bacterias que componen la microflora del intestino delgado hacen uso de sus enzimas para fraccionar sus moléculas y transformarlas, de manera que es entonces cuando aparece una estructura reconocible por los receptores de los estrógenos y comienzan así el despliegue de su actividad farmacológica.

No obstante, debe tenerse en cuenta la rápida caducidad de los efectos biológicos de estas sustancias, ya que transcurridas un máximo de siete u ocho horas abandonan el torrente circulatorio para ser excretadas por el organismo. Esta brevedad de su supervivencia obliga a un continuado aporte si se trata de alcanzar un beneficio sostenido de sus propiedades; por esa razón, se recomienda ingerir dos o tres tomas diarias.

Beneficios y Propiedades de las Isoflavonas de soja

Dada su capacidad de actuar selectivamente sobre los diferentes receptores de estrógenos (alfa y beta), las isoflavonas de soja intervienen básicamente en los órganos y tejidos donde predominan los receptores del tipo beta, como es el caso del sistema nervioso central (encéfalo y médula espinal), el hueso y las paredes de las arterias.

Las isoflavonas brillan, como todos los compuestos fenólicos, por su potente efecto antioxidante, el cual algunos trabajos de investigación han llegado a comparar con el de la vitamina E. Entre ellas, la genisteína y la daidzeína son las más destacadas. Esta propiedad, por un lado, se suma a la anterior, ya que evitan la oxidación de las LDL y las células espumosas (modificaciones de células musculares de la pared arterial y macrófagos que surgen cuando comienza la formación de las placas de ateroma). Por otro lado, este poder antioxidante proyecta sus beneficios sobre la génesis del cáncer, por lo que pudieran tener influencia en su prevención.

Por su capacidad de inhibición enzimática, es posible asignar a las isoflavonas, aunque pudiera ser con carácter residual, una acción anticancerígena, básicamente promovida a partir del bloqueo de tres enzimas:

  • Tirosin-kinasa: su inhibición es precursora de un efecto análogo sobre la expresión de algunos oncogenes y de la desaparición de algunos receptores específicos de factores de proliferación celular, como el de crecimiento tumoral.
  • Topoisomerasa II. Las isoflavonas inducen la muerte de células cancerígenas tras integrarse químicamente en el complejo DNA-topoisomerasa II.
  • Aromatasa: inhibiéndola, impiden la síntesis de 17-beta-estradiol (un estrógeno) a partir de testosterona, comportándose como un freno al desencadenamiento de tumores hormono-dependientes, como el de mama

Isoflavonas y menopausia

Con la llegada de la menopausia, dos son los fenómenos primarios que acontecen en el organismo de la mujer: se suspende la producción de óvulos en los ovarios y cae significativamente la síntesis de estrógenos. Estos cambios llevan implícita, en la mayoría de los casos y en mayor o menor intensidad, la aparición de una serie de manifestaciones orgánicas y psíquicas: retención de líquidos, sudoración intensa, sofocaciones, sequedad de mucosas, frecuentes dolores de cabeza, irritabilidad, inestabilidad emocional y dificultad para dormir, entre otras.

Debido a esos cambios hormonales, es preciso abordar ciertas pautas alimenticias, ya que durante el periodo climatérico la mujer ve incrementado el riesgo de padecer osteoporosis, alteraciones del perfil sanguíneo de lípidos y colesterol y arteriosclerosis, a lo que se suma una tendencia a ganar peso.

Para mitigar esas incómodas manifestaciones y a su vez eludir las terapias basadas en la administración de hormonas sintéticas, cada día resulta más habitual que las mujeres prueben con tratamientos naturales. Se trata de apostar por una dieta bien estudiada y apuntalada con suplementos que ayuden a aliviar los síntomas menopáusicos.

Y en ese contexto, las isoflavonas de soja tiene reservado un rol muy notable. Su suplantación de la identidad de los estrógenos les confiere, por ejemplo, poder para frenar una de las más preocupantes secuelas de la menopausia, la descalcificación ósea, antesala de la osteoporosis. Lo hacen evitando la movilización del calcio a partir de la matriz de los huesos (como constituyente esencial de la hidroxiapatita), a la par que impiden el bloqueo de la absorción de dicho mineral, algo que resulta ser otra consecuencia de la caída del nivel de estrógenos circulantes.

Evidentemente, la mejora de la absorción del calcio es una de las más señaladas propiedades de las isoflavonas de soja.

Nadie duda de que mantener una adecuada densidad ósea es clave en la prevención de la osteoporosis. Y, al respecto, hay solventes estudios que avalan estos efectos en las vértebras lumbares, lo que cabe esperar que sea extensible a otros elementos óseos si se tiene en cuenta que se trata de estudios de corta duración, y que el recambio de la matriz ósea se produce a mayor ritmo en la región lumbar de la columna vertebral que, por ejemplo, en los huesos de la cadera.

Pero, en general, ayudan a combatir los signos externos de la menopausia por esa función compensatoria de la reducción de estrógenos consustancial a esta etapa. En consecuencia, es durante el periodo climatérico cuando más indicado está recurso a las isoflavonas, así como el incremento en la toma de calcio y vitamina D.

Isoflavonas de soja y la menopausia

Otro de los beneficios que merecen más resalte es que previenen enfermedades cardiovasculares: esta propiedad es de gran importancia, ya que uno de los peligros que acechan con la llegada de la menopausia es la mayor incidencia de trastornos de esa naturaleza.

En esta línea, se sabe que las isoflavonas mantienen a raya los niveles de LDL (conocido como "colesterol malo") y de colesterol total en sangre, además de que contribuyen a normalizar el perfil de triglicéridos, lo que se traduce en una disminución del riesgo de padecer arteriosclerosis.

El efecto beneficioso de las isoflavonas en el aparato osteoesquelético está basado en una acción anabólica (es decir, la faceta “creativa” del metabolismo) sobre el hueso, estimulando la proliferación de las células osteoblásticas (responsables de la formación de la matriz ósea) a la vez que blindan a estas contra el daño oxidativo causado por los radicales libres.

Su acción se completa con un incremento de la síntesis de ADN y de colágeno y obstaculizando la función de los osteoclastos (células encargadas de la reabsorción de la matriz ósea, contrarias en su función a los osteoblastos).

Las isoflavonas de soja estimulan la síntesis de ácido hialurónico, un polisacárido esencial en la textura de la epidermis cuya abundancia mejora el aspecto de la piel, debido a que frena el desgaste del colágeno y la elastina, las dos proteínas estructurales del tejido cutáneo. En definitiva, la mayor formación de fibras elásticas ralentiza la proliferación de arrugas y líneas de expresión en la piel.

Las isoflavonas suponen un refuerzo del sistema inmunitario, lo cual es consecuencia de intensificarse la actividad de los glóbulos blancos y los macrófagos.

Estos últimos ejercen como purgadores del organismo de todo cuanto reconocen como sustancias ajenas al mismo, mientras que los primeros, también llamados leucocitos, bajo diferentes mecanismos según el tipo de que se trate neutralizan los microorganismos invasores, guardando en su memoria celular la composición antigénica de estos para redoblar sus esfuerzos en posibles futuras agresiones.

Existen abiertas diferentes líneas de investigación en relación con la posibilidad de prevenir la enfermedad de Alzheimer en las mujeres posmenopáusicas, sobre lo cual los científicos manejan importantes indicios de que puedan amortiguar los cambios cerebrales asociados con este trastorno degenerativo.

Con la menopausia, la mujer experimenta una tendencia a acumular grasa, y lo hace en dos ubicaciones: en el hígado, donde se produce la esteatosis hepática (cierto grado de engrasamiento de esta víscera), y en el tejido adiposo, donde se concentra la llamada grasa parda destinada al mantenimiento de la temperatura y que es la causante del aumento de peso.

En relación con este último aspecto, comúnmente se asocia la llegada del climaterio a una necesidad de tener bajo control el peso para no engordar. La lecitina de soja, uno de los productos derivados de esta leguminosa con elevada concentración de isoflavonas, puede ser un importante apoyo para frenar esa tendencia a subir de peso. Puede ser consumida en comprimidos o en cápsulas.

También el hombre puede beneficiarse de las isoflavonas

No debemos olvidar que, en cuanto al sexo masculino hace referencia, las isoflavonas también aportan su granito de arena. ¿Cómo lo hacen? Por un lado, disminuyendo el riesgo de padecer cáncer de próstata y suprimiendo factores predisponentes de accidentes cardiovasculares.

Estos efectos deben encajarse en la etapa conocida como andropausia, momento en el que la síntesis de hormonas sexuales conduce a determinados cambios fisiológicos que afectan especialmente al corazón y aparato circulatorio.

Contraindicaciones y posibles efectos secundarios de las isoflavonas de soja

Contraindicaciones

Lógicamente, no todo son parabienes en la relación de las isoflavonas de soja con el organismo humano. Dadas las diferentes situaciones en el que puede encontrarse este, puede hablarse de otras tantas en las que su administración puede resultar comprometida:

  • Alergias: como cualquier otro alimento o sustancia química que entre en contacto con el organismo, las isoflavonas son susceptibles de desencadenar reacciones de alergia en individuos hipersensibles a alguno de sus componentes. A pesar de su escasa casuística, se trata de la contraindicación para la que más incidencia se describe.
  • Hipotiroidismo: su consumo entre quienes padecen este trastorno endocrino y estén siendo medicados contra él está desaconsejado, ya que podrían llevar a cabo una acción depresora de la actividad de la glándula tiroides y, en consecuencia, neutralizar los efectos de la medicación. En general, puede afirmarse que las isoflavonas tienden a provocar una pérdida nada irrelevante de yodo, por lo que siempre se recomienda acompañarlas de algún suplemento que contenga este mineral, el cual, por su parte, se caracteriza por su escasa presencia en la alimentación en nuestro país.
  • Sometimiento a un tratamiento antitumoral: las isoflavonas de soja pueden interferir en la acción de los fármacos indicados para combatir el cáncer de mama. En concreto, podrían anular la acción del tamoxifeno.
  • Sometimiento a un tratamiento hormonal de cualquier índole.
  • En adolescentes puede ser motivo de desarreglos en el ciclo ovárico, algo que puede verse acentuado si se consume simultáneamente alcohol, circunstancia nada despreciable en esas edades y que puede generar incluso cuadros de intoxicación moderada o severa.

Efectos secundarios

Además de las contraindicaciones aludidas, el consumo de las isoflavonas de soja no está exento de riesgos de sufrir efectos secundarios, en su mayoría bajo la forma de alteraciones gastrointestinales, como flatulencias o diarrea.

No está descartado que ejerza cierta interferencia en los procesos de absorción de algunos minerales, especialmente zinc y hierro.

A pesar de todas sus cualidades, debe tenerse en cuenta que en aquellas personas que, manteniendo buenos niveles de estrógenos, ingieren regularmente cantidades correctas de isoflavonas y en aquellas que tomándolas justificadamente las consumen en cantidades excesivas, pueden ser causa de tiroiditis y, como consecuencia, bocio. Este tipo de riesgo queda minimizado si la forma de ingerir isoflavonas es a partir de alimentos fermentados como los citados anteriormente.

Como se explicó a propósito de su acción antitumoral, las isoflavonas inhiben los receptores de la enzima tirosin-kinasa, lo que, según se ha demostrado en células del tejido adiposo de ratas de experimentación, podría contrarrestar los efectos de la insulina en los tejidos que requieren la intervención de esta hormona. Aunque hasta el momento no hay constancia fehaciente de que las isoflavonas hayan sido un factor causal de cuadros de hiperglucemia en personas afectadas por diabetes mellitus, no se descarta un efecto crónico de posible resistencia a la acción de la insulina.

Por todas las razones expuestas, la adopción de una pauta de suplementación con isoflavonas de soja debe estar tutelada por un especialista que valore la necesidad real del tratamiento y la dosis aconsejable.

Cómo tomar las isoflavonas

A la hora de plantear su consumo a través de la dieta, la diferencia entre la soja y el resto de las plantas leguminosas es bastante sustancial, ya que mientras que cien gramos de soja aportan más o menos 300 mg de isoflavonas, de otras legumbres serían necesarios tres kilos para alcanzar esa cifra.

En lo que respecta al rendimiento nutricional de sus isoflavonas, también podemos reflejar el sensible contraste entre la soja integral o los brotes y el aceite de soja y las variedades alimenticias de soja fermentada, debido a que en este último caso su absorción es mucho más eficiente y sus efectos más notables. Entre estas variedades, el tempeh (fermentación de la soja de procedencia indonesia) o el tamari (auténtica salsa de soja) son sus máximos exponentes.

Los fitoestrógenos, que abundan en una pléyade de alimentos vegetales, se dividen en diferentes categorías, como los lignanos (presentes en semillas de lino y pan de cereales integrales), las isoflavonas de la soja (también constituyentes del té verde y el té rojo), los cumestanos de las legumbres y los indoles en los que son ricas las coles y otras hortalizas crucíferas. Si tuviéramos que confeccionar una nómina de alimentos ricos en fitoestrógenos, en esta no podrían estar ausentes el apio, el ajo, los cereales (arroz, avena, trigo…), las legumbres (judías, guisantes…), algunas frutas (manzana, cerezas…), ciertas hortalizas (zanahorias, brócoli…) y también semillas (calabaza, sésamo…).

Cómo tomar soja

Las isoflavonas pueden consumirse asimismo a través de otros alimentos que las contienen por adición en el proceso tecnológico de elaboración, como es el caso de leche, zumos o yogures enriquecidos.

En cualquier caso, las sociedades científicas de ginecología y menopausia recomiendan una ingesta diaria de isoflavonas en una horquilla entre 40 y 80 mg. Asumiendo que los fitoestrógenos muestran su primeros signos orgánicos a partir de las 8-10 semanas de iniciarse su consumo, puede colegirse la importancia de plantear una ingesta sostenida descartando tratamientos de choque con resultados a corto plazo. En cuanto al modo de comsumirlas, es preferible hacerlo durante las comidas, si bien no debe pasarse por alto la posible interferencia en su absorción de una dieta rica en fibra.

No puede pasarse por alto que al haber sido atribuido recientemente un importante elenco de propiedades saludables a las isoflavonas de soja, tanto la industria alimentaria como la nutracéutica hayan puesto en marcha nuevas líneas de producción para explotar al máximo el potencial de estos compuestos. De hecho, en el mercado es habitual encontrar diferentes tipos de suplementos dietéticos con llamativas menciones en el etiquetado acerca de su enriquecimiento en isoflavonas.

Evidentemente, las isoflavonas deben consumirse en dosis elevadas para poder sacar provecho de sus bondades terapéuticas, lo que solo se consigue ingiriendo productos de síntesis con elevada concentración de isoflavonas.

La soja, o cualquier otro vegetal de los que hemos citado como abundantes en fitoestrógenos, es un alimento que puede formar parte de la dieta habitual, pero su consumo, en modo alguno garantiza dosis suficientes de isoflavonas para paliar la escasez de estrógenos en la menopausia.

Independientemente de las ingeridas a través de la dieta, en muchos casos puede ser necesario aprovisionarse de isoflavonas incluidas en suplementos nutracéuticos, es decir, presentaciones a base de comprimidos o cápsulas con alta concentración de principio activo, pero siempre bajo supervisión médica.

Sinergias de las isoflavonas de soja con otras sustancias

Por su riqueza en fitoestrógenos, se ha comprobado que el aceite de onagra es un coadyuvante de la producción de sustancias similares a las hormonas sexuales, lo que le confiere capacidad de controlar los síntomas de la menopausia. En concreto, las semillas de la onagra son un excelente sustrato de uno de los ácidos grasos esenciales de la serie Omega 6, el ácido gamma-linoleico (en siglas, GLA). Esta sustancia resulta ser esencial porque su síntesis por parte del organismo es imposible y, en consecuencia, dada su participación en diversas reacciones metabólicas, debe ser incluido a través de la alimentación o suplementos nutricionales.

Un consumo regular de 250 miligramos de aceite de onagra asegura la suficiente cantidad de GLA para prevenir enfermedades cardiovasculares y esclerosis múltiple. Y hacerlo en combinación con isoflavonas de soja da lugar a un doble beneficio: equilibrar de manera natural los niveles hormonales y mitigar las incómodas sofocaciones propias del climaterio.

En otro orden de cosas, una fitoterapia que asocie el trébol rojo y las isoflavonas de soja se ha revelado como un eficaz remedio contra la sintomatología menopáusica. Numerosos estudios avalan las propiedades agonistas y antagonistas, así como efectos beneficiosos sobre la salud y la mejora de la calidad de vida y en particular en las mujeres posmenopáusicas. Se trata de una combinación que, en el ámbito menopáusico, disminuye llamativamente la intensidad y la frecuencia de los sofocos, así como la hipersudoración, mientras que por otro lado es un regulador del perfil lipídico sanguíneo.

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En el mercado existe un amplio abanico de posibilidades sobre suplementos a base de isoflavonas de soja.

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