El llamado «síndrome de la cabaña» ha captado la atención de muchos especialistas en lo que se define como:
- Un tipo de fobia que se produce por estar encerrado en un lugar de manera obligada y considerar a la persona este sitio como lugar seguro.
Sin embargo, este término ha sido tradicionalmente asociado a una sensación opuesta: la urgencia por escapar de un espacio cerrado, a pesar de los riesgos que eso conlleva. En este post, desmitificamos este concepto y exploramos su verdadero significado.
Índice
¿Cuáles son los síntomas del Síndrome de la Cabaña?
Los síntomas del síndrome de la cabaña no han sido claramente definidos, de hecho, esta es una de las razones por lo que no es una condición reconocida como enfermedad.
Entre los reportes de las personas que han sufrido exposiciones a agentes estresantes y han desarrollado cuadros compatibles con este síndrome se encuentran sensaciones de:
- Irritabilidad.
- Mal humor.
- Aburrimiento.
- Depresión o sensación de insatisfacción.
Como podemos observar, una descripción sintomática vaga de un cuadro que combina varios trastornos emocionales por estrés.

Fobia específica por estar encerrado
La patología conocida como «fobia específica», categorizada dentro del grupo 6 de «trastornos mentales, del comportamiento y del neurodesarrollo» y del subgrupo «trastornos de ansiedad o relacionados con el miedo», se define oficialmente como:
«La fobia específica se caracteriza por ansiedad o miedo marcados o excesivos que ocurren constantemente cuando se expone a uno o varios objetos o situaciones específicos (por ejemplo, proximidad a ciertos animales, vuelos, alturas, espacios cerrados, ver sangre o heridas) y que están fuera de proporción en relación con el peligro real.
El objeto o la situación fóbica son evitados o sobreelevados con intenso miedo o ansiedad.
Los síntomas persisten al menos por varios meses y son lo suficientemente graves como para ocasionar un malestar o deterioro significativos en las relaciones personales, familiares, sociales, educativas, laborales o en otras áreas importantes del funcionamiento.»
¿Cómo enfrentarnos a ella?
La actuación más recomendable en esta situación es:
- Evitar la reclusión social absoluta en personas que vivan solas manteniendo contacto a través de videollamada.
- Salir a pasear o dar una vuelta a la manzana a horas de mínimo tránsito.
- Pedir ayuda a tus familiares y amigos para que te acompañen a tomar un café sentados en un banco.
- Realiza ejercicio físico regular, ya que éste ha sido asociado a un mejor estado anímico y emocional en general.
- Lleva una alimentación equilibrada y saludable, ya que las dietas basadas en preparados alimenticios ultraprocesados se han asociado a más trastornos depresivos.
Si estas recomendaciones no funcionan, acude a un profesional que pueda valorar tu estado de salud psicológico bajo un criterio diagnóstico facultativo y pautar un tratamiento adecuado a tu caso.

Conclusiones
Las relaciones sociales saludables juegan un papel esencial en el mantenimiento del buen estado de salud de una persona, y tienen una influencia sobre el comportamiento, variables psicológicas y fisiológicas.
Tal es la influencia, que un mal estado de salud social puede afectar negativamente a sistemas orgánicos como el sistema inmune, el sistema cardiovascular o el sistema nervioso.
Así que, por si aún no te has dado cuenta, parte de tu salud y de la de tus seres queridos tiene que ver con el contacto social que tengáis entre vosotros y con terceras personas.
Referencias Bibliográficas
- Firth, J., Marx, W., Dash, S., Carney, R., Teasdale, S. B., Solmi, M., … Sarris, J. (2019). The Effects of Dietary Improvement on Symptoms of Depression and Anxiety: A Meta-Analysis of Randomized Controlled Trials. Psychosomatic Medicine, 81(3), 265–280.
- Holt-Lunstad, J., Smith, T. B., & Layton, J. B. (2010). Social relationships and mortality risk: A meta-analytic review. PLoS Medicine, 7(7), e1000316.
- Rosenblatt, P. C., Anderson, R. M., & Johnson, P. A. (1984). The meaning of “cabin fever”. Journal of Social Psychology, 123(1), 43–53.
- Schuch, F. B., Vancampfort, D., Richards, J., Rosenbaum, S., Ward, P. B., & Stubbs, B. (2016). Exercise as a treatment for depression: A meta-analysis adjusting for publication bias. Journal of Psychiatric Research, 77, 42–51.
- Umberson, D., & Karas Montez, J. (2010). Social Relationships and Health: A Flashpoint for Health Policy. Journal of Health and Social Behavior, 51(1_suppl), S54–S66.
- World Health Organization. (2018). Clasificación Internacional de Enfermedades, (11ª revisión).
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