Alcachofa
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Alcachofa

Índice

    1. ¿Qué es la alcachofa?
    2. ¿De dónde procede la alcachofa?
    3. Usos originales de la alcachofa
    4. Para qué se utiliza la alcachofa en la actualidad
    5. Propiedades y Beneficios de la Alcachofa
    6. Posibles efectos secundarios
    7. Los suplementos de extracto de alcachofa
    8. Para qué y cómo se usan estos suplementos a base de extracto de las alcachofas
    9. Cómo distinguir buenos y malos suplementos de extracto de alcachofa
    10. Posibles combinaciones de los suplementos de extracto de alcachofa

¿Qué es la alcachofa?

Hablamos de Cynara scolymus, nombre científico de esta planta hortícola perenne perteneciente a la familia de las Asteraceae (Compositae), de la que también forman parte distintas verduras como la achicoria, la lechuga, la endibia, la escarola y el cardo, entre otras; todas ellas están cubiertas por el denominador común de destilar un cierto amargor en su sabor derivado de la presencia de cinarina, una sustancia de la que hablaremos posteriormente en detalle.

También conocida con el nombre de alcaucil (muy empleado en la provincia de Cádiz y originario del término árabe al-qabsíl), esta planta puede alcanzar hasta dos metros de altura, siendo lo más habitual uno y medio.

Son sus cabezuelas, así llamados los receptáculos donde se alojan las flores de las alcachofas, las que constituyen la parte comestible de la alcachofa. En esas cabezuelas se superponen hojas que se denominan brácteas; las que se localizan más internamente tienen una consistencia más suave y en su conjunto reciben el apelativo de "corazón de la alcachofa", la parte más apreciada gastronómicamente.

¿De dónde procede la alcachofa?

Según la información disponible, la etimología de la palabra “alcachofa” parece hundir sus raíces en el término árabe “al-kharshûf”, que significa algo así como “lengüecita de tierra”, haciendo alusión al aspecto de las singulares hojas de las alcachofas.

La alcachofa procede del noroeste de África, región desde donde los árabes comerciaron con ella en Europa, con tal éxito que lograron que se generalizara su cultivo por la casi totalidad del viejo continente. En esa zona también se desarrollaron frutas que siguieron el mismo camino que la alcachofa, siendo totalmente introducida con los años en Europa.

No obstante, se sabe que varios siglos atrás, griegos y romanos ya conocieron las excelencias de la alcachofa en base a la creencia de que el consumo de esta como una de las verduras que producía efectos afrodisíacos. Aunque con ciertas reservas, se dan por buenos los indicios que apuntan a que la alcachofa sea en realidad una variación de productos genética del cardo silvestre (Cynara cardunculus), una especie que prolifera espontáneamente en muchas extensiones no cultivadas de Europa, de exuberante presencia.

Es probable que se llevase a cabo un trabajo de selección y cruzamiento entre este y otros tipos de cardos, que concluyera en una especie altamente mejorada y que incorporase la comestibilidad entre sus atributos. Uno de los lugares del mundo donde su cultivo es muy notable es la costa oeste de Estados Unidos, especialmente California, lugar al cual fue transportada por marineros españoles y franceses.

Pero su principal núcleo de producción es la cuenca mediterránea, que aglutina más de las tres cuartas partes de la producción mundial de las alcachofas como  hortaliza, coincidiendo en cultivo con el tomate como otra hortaliza de la zona mediterránea.

No en vano, Italia lidera el ranking de países productores de alcachofa, seguido por España que a su vez ostenta el título de primer exportador, siendo las regiones del Levante y el valle del Ebro las principales zonas cultivadoras.

Usos originales de la alcachofa

Se han encontrado evidencias del consumo de alcachofas con finalidad terapéutica y preventiva en la más remota antigüedad, al parecer conocida por egipcios y mesopotámicos, que ya reconocían en la alcachofa interesantes efectos sobre la salud, especialmente relacionados con el aparato digestivo.

Beneficios de la alcachofa

Como se comentó antes de la información disponible sobre la alcachofa, para griegos y romanos se trataba de uno de los productos de lujo por sus dotes afrodisíacas. Y en la antigua Grecia hasta se adjudicaba a su consumo por parte de las mujeres que deseaban quedarte encinta un singular poder para conseguir la concepción de hijos varones. Incluso, dando un salto al siglo XVI, un escrito rubricado por un galeno afirmaba sobre las alcachofas que esta hortaliza que “tiene la virtud de provocar a Venus para los hombres y a las mujeres las hace más deseables”.

En la antigua Grecia, la alcachofa se comía como uno de los productos crudos, pero tras su incorporación a Roma este hábito se abandonó pues se decía que teñía los dientes, dando comienzo su consumo tras su cocinado bajo la magistratura del emperador Augusto. Aunque en nuestros días vemos que el consumo de alcachofa es algo común, no siempre fue así, pues hasta bien entrado el siglo XVIII estaba catalogada como un manjar solo al alcance de las élites sociales.

En los albores del siglo XX proliferaron escritos divulgativos en publicaciones científicas en los que la alcachofa adquirió sonoro protagonismo.

Entre otros, un prestigioso médico francés de la época aseguraba que las hojas de la alcachofa constituían un eficaz remedio contra la arteriosclerosis y le asignaba una acción reguladora sobre el metabolismo de la urea y de las bases púricas, así como sobre el colesterol, virtud que tienen algunas verduras.

Para qué se utiliza la alcachofa en la actualidad

Tras este repaso histórico, es momento de fijar nuestra atención sobre el papel que juegan la alcachofa y sus extractos en la alimentación del siglo XXI.

Al margen de su exquisitez culinaria, muy estimada por gran parte de la población como revela la elevada demanda que hay por parte de la sociedad para comprar alcachofas.

Se ha consolidado como uno de los productos protagonista de muchos regímenes de adelgazamiento, en los cuales su encaje es máximo si se consume en un contexto de alimentos bajos en grasas y ricos en fibra.

Especialmente esta última actúa con una potente sinergia con los principios activos de calidad del producto, por ser la responsable de impedir la reabsorción de las grasas, permitiendo que la bilis actúe sobre ellas para terminar siendo eliminadas del organismo por las heces.

Puede afirmarse que el consumo de alcachofa fomenta la depuración del organismo por dos vías complementarias:

  • Su fibra soluble ejerce una labor de purga de residuos en el intestino y 
  • Su estímulo biliar elimina el exceso de grasas procedentes de los alimentos.

Su intensa capacidad de control sobre la secreción de bilis, que quizá sea su principal virtud, confiere a esta verdura un papel casi terapéutico en personas con dificultad para asimilar las grasas o afectadas de ictericia o del denominado “hígado perezoso” (se llama así cuando está congestionado y, por ello, incapaz de llevar a cabo sus funciones metabólicas a pleno rendimiento).

Por ello, cuando se le adjudica alguna finalidad, al margen de contribuir al adelgazamiento, suele consumirse para mejorar la digestión de las grasas e, incluso, debido a su capacidad de estímulo de la regeneración de las células dañadas del hígado, es un alimento muy recomendado en situaciones de hígado graso (una patología de mayor gravedad que el hígado perezoso), ayudando a degradar las sustancias de desecho y evitando que su potencial toxicidad acarree males mayores.

Las alcachofas tienen asimismo un extraordinario reconocimiento en estrategias alimenticias orientadas a la prevención de enfermedades degenerativas, por lo que se considera una de las verduras más buenas para la salud. Puede ser comparable, en menor medida, con los beneficios que presentan para el organismo otras verduras como los guisantes, tomate, así como algunas frutas.

La alcachofa contiene, entre los principios activos que más adelante se describirán, ácido clorogénico, una sustancia capaz de desplegar una potente acción antioxidante a nivel de membrana celular, obstaculizando la formación de esos radicales libres que se convierten en el factor desencadenante de procesos como el cáncer o algunas cardiopatías.

Aquellas personas proclives a la inestabilidad de los niveles de glucosa en sangre deben tener muy en cuenta la alcachofa en su dieta.

La fibra que contiene este vegetal, además de eliminar residuos, desempeña en el tracto intestinal otra importante función: secuestra el exceso de hidratos de carbono metabólicamente destinados a su conversión en glucosa y, en consecuencia, a provocar un aumento de la glucemia. Por consiguiente, para los diabéticos supone un alimento de alto interés por su efecto hipoglucemiante.

La artritis y la gota son dos enfermedades de enorme incidencia contra las cuales la alcachofa también encierra importantes argumentos. Su carácter diurético le hace arrastrar en la evacuación de líquidos algunas sustancias que pueden tener un comportamiento tóxico, como el ácido úrico.

Por dicha razón, hay personas que buscan especialmente en el consumo de productos como la alcachofa pertrecharse contra estos procesos crónicos articulares. A ello puede contribuir también otro dato: las propiedades antiinflamatorias de uno de sus flavonoides, el cinarósido, que pueden mermar la intensidad del daño articular y, por añadidura, el dolor. Por esa contribución a combatir la retención de líquidos, es interesante plantear un consumo regular de alcachofa si se padece hipertensión arterial, así como si lo que se requiere es bajar la tasa de colesterol y triglicéridos en sangre.

De la combinación de ambos factores se desprende el interés de la alcachofa en prevenir enfermedades cardiovasculares, que encabezan el ranking de causas de muerte en España y en la mayor parte del mundo desarrollado.

Propiedades y Beneficios de la Alcachofa

Una afirmación que bien podría servir de corolario para este artículo es que

la alcachofa es un alimento imprescindible en la planificación de una dieta equilibrada por los ingentes beneficios que puede reportar a la salud.

Pero desgranemos una a una esas propiedades.

Lo primero que debe decirse es que el componente hegemónico de la alcachofa es el agua, que representa un 87 % de su peso. ¿Y qué integra ese 13 % restante, al parecer tan importante? Lo más destacable es que los principios inmediatos que configuran el valor energético de un alimento, es decir, grasas e hidratos de carbono simples, ocupan lugares poco preeminentes en su composición: las primeras, solo un 0,1 %, y los segundos, un 2 %, de lo que se deduce que el valor calórico de la alcachofa es bastante pobre (alrededor de 40 kilocalorías por cada 100 gramos).

Las proteínas, por su parte, atesoran cerca de otro 2 %. El mayor protagonismo corresponde a los carbohidratos complejos, de los que mayoritariamente hay que citar la inulina, seguida de la fibra soluble. La primera de ellas es crucial por actuar como un excelente freno a los picos de síntesis característicos de la diabetes mellitus. Se trata de un polisacárido de reserva de glucosa y de fructosa.

La parcela de los micronutrientes requiere una especial atención.

Propiedades de la alcachofa

Vitaminas, minerales y ciertas sustancias específicas rematan la consideración de la alcachofa con la que iniciábamos este capítulo.

Entre las vitaminas de buena calidad destaca la presencia de vitamina B (B1, B3) y E; las dos primeras, determinantes en la eficacia de las rutas metabólicas que culminan el aprovechamiento de hidratos de carbono, grasas y proteínas y, especialmente la B1, en el buen funcionamiento del sistema nervioso. En cuanto a la vitamina E, sabida es su función antioxidante en todos los tejidos.

Dentro de los minerales, el potasio lidera la presencia de estos, y a pesar de ello, la alcachofa está catalogada entre las hortalizas más ricas en magnesio, fósforo y calcio, lo que da idea de los excelentes aportes del primero, cuyo rol dentro del organismo como regulador de los niveles de líquidos, como hipotensor y en transmisión del impulso nervioso es decisivo. En relación con el calcio, es preciso comentar que por su condición vegetal se ve reducido su aprovechamiento con respecto al contenido en los alimentos de origen animal.

El magnesio, por su parte, cubre un amplio surtido de funciones, pues influye notoriamente en el funcionamiento de intestino, nervios y músculos, es decisivo en la fijación del calcio en huesos y dientes y fortalece el sistema inmunitario, entre otras.

Precisamente por su riqueza en esos tres macrominerales, es un alimento recomendado durante el embarazo, especialmente en el segundo trimestre. A ello hay que añadir otro beneficio de la alcachofa durante el embarazo, derivado del flavonoide apigenina, que actúa como relajante de las arterias. Siendo de enorme relevancia todos los aspectos nutricionales ya descritos, que de por sí solos justificarían la recomendación de la alcachofa como alimento de cabecera, lo más determinante de su composición son una serie de sustancias cuya cantidad es casi despreciable en relación con el resto, pero que están dotadas de la capacidad de desplegar efectos muy saludables.

Hablamos de:

  • Cinarina y cinaropicrina: Son compuestos aromáticos a los cuales se debe el recuerdo amargo de caracteriza al sabor de la alcachofa. Médicamente son considerados de efectos colerético y colagogo, lo que significa que, por un lado, estimulan la producción de ácidos y sales biliares en los hepatocitos (las células nobles del hígado), y por otro, hacen lo propio con la evacuación de la bilis almacenada en la vesícula biliar. La mayor parte de la concentración de cinarina radica en la pulpa de las hojas, no estando exentas de ella las hojas secas y los tallos. La cinarina, por esas propiedades, facilita la digestión de las grasas. La bilis es excretada al duodeno tras la ingestión de alimentos para metabolizar los triglicéridos contenidos en ellos. Para hacernos una idea del beneficio causado por la cinarina, sobre el volumen de bilis producida normalmente por el hígado, con un consumo regular y significativo de alcachofa puede aumentar un 50 %, llegando a un litro diario. Al margen de ello, hay proyectos de investigación centrados en la cinaropicrina que arrojan, hasta el momento, serios indicios de su potencial eficacia en la prevención de tumores.
  • Ácido clorogénico: Se trata de un compuesto cuyo poder antioxidante le hace actuar como un “saneador” de membranas celulares.
  • Fitosteroles: Son sustancias que pueden llamarse colesterol vegetal por su tremenda analogía con este, cuya importancia radica en que entorpecen la absorción del colesterol en el intestino.
  • Ácidos orgánicos: Básicamente el málico y el cítrico, que desarrollan una labor de sinergia con la cinarina y el cinarósido. La función diurética está relacionada con los ácidos del tipo málico, cítrico, glicérico, succínico y láctico.
  • Flavonoides: Derivados de la luteolina, que potencian la diuresis de los ácidos anteriores junto con otras sustancias denominadas escolimósidos y las sales ricas en potasio. En concreto, el llamado cinarósido tiene propiedades antiinflamatorias. Es obvio que, a la luz de todo lo descrito, la alcachofa se ha ganado la consideración de planta medicinal, fundamentalmente una vez que se confirmaron los beneficios de la cinarina.

Posibles efectos secundarios

En la naturaleza, todas las monedas tienen dos caras, siendo en la alcachofa la cara buena mucho más llamativa que la mala, que no por ello hay que dejar en el olvido. Para ciertas personas, la alcachofa puede ser un elemento desencadenante de reacciones alérgicas, como pudiera ser las frutas u otros productos.

Suelen coincidir con individuos que ya han manifestado hipersensibilidad a otras especies vegetales como las caléndulas, las margaritas, las ambrosías, los crisantemos y similares. Las manifestaciones alérgicas tras el consumo de alcachofas responden a un idéntico perfil que en la generalidad de las alergias, incluyendo erupciones, urticaria, picor intenso, edemas, asma y dificultad respiratoria, quedando para casos de extrema gravedad el padecimiento de un shock anafiláctico.

Al margen de las alergias deben tenerse en cuenta otros posibles efectos secundarios, más comunes, circunscritos a problemas intestinales: flatulencias, diarrea, inapetencia o náuseas. A veces puede revelar un problema oculto, la colelitiasis, consistente en presencia de cálculos en la vesícula biliar. De hecho, se sabe perfectamente que comer alcachofas es perjudicial en aquellas personas que tienen cierto grado de obstrucción del conducto biliar, ya que su función colagoga (recuérdese lo explicado a propósito de la cinarina), incrementa el vaciado de la vesícula y eso puede suponer un atasco de la bilis.

A la espera de datos más contundentes que corroboren lo que hasta el momento es un indicio, la alcachofa pudiera elevar el riesgo de sufrir hemorragias en pacientes que aquejados de algún tipo de trastorno hematológico o que estén siendo tratados a base de anticoagulantes como la warfarina.

Sobre el consumo de alcachofa durante la lactancia, simplemente decir que se recomienda evitarlo por el riesgo de que se produzca cierta transferencia del sabor amargo a la leche.

Pudiera citarse, más que como efecto secundario como una consecuencia fisiológica asociada al consumo de alcachofas, un aumento de la diuresis, tanto en cantidad de orina producida como en frecuencia de evacuación.

Los suplementos de extracto de alcachofa

De un tiempo a esta parte, el mercado se ha nutrido de un sinfín de productos concentrados, en su mayoría con fines adelgazantes, que llevan por bandera la alcachofa, presentados en forma de pastillas, ampollas, cápsulas, polvos, tés y algunos otros. Muchos suplementos de extracto de alcachofa se encuentran entre los remedios naturales avalados por solventes ensayos clínicos que acreditan las bondades de su consumo, como puede pasar con otros productos como los guisantes, cuya información también lo tenéis en otro apartado.

Alcachofa en cápsulas

De la alcachofa se utilizan sus hojas con fines terapéuticos para obtener su extracto rico en la sustancia que se busca, la cinarina, de la cual se han explicado pormenorizadamente sus atribuciones. Además de la cinarina, en la selección de los extractos de alcachofa entra la cinaropicrina, que proporciona a quien lo consume un efecto eupéptico (favorecedor de la digestión) y estimulante del apetito. Esta doble función es la que condiciona el momento de ingerir estas sustancias.

Antes de una comida se comportarán como estimulantes de los jugos digestivos (lo que se conoce popularmente como abrir el apetito), pero ingeridos durante la misma o una vez terminada, prevalecerá la acción eupéptica, limitando la formación de gases y mejorando en general el proceso de la digestión. Una interesante particularidad del extracto de alcachofa radica en la presencia de mucílago en su formulación, y se trata de que al mezclarse con el agua genera sustancias coloidales que se traducen en un mejor tránsito del bolo alimenticio por el intestino.

Para qué y cómo se usan estos suplementos a base de extracto de las alcachofas

El extracto de alcachofa puede utilizarse como diurético natural en los casos en los que esté aconsejado reforzar un tratamiento que evite la retención de agua e impulsar la funcionalidad de los riñones en nuestra salud. Debe tenerse la precaución, mientras se toman extractos de alcachofa, de beber mucha agua y de ingerir la energía precisa para cubrir adecuadamente las necesidades calóricas del metabolismo. De lo contrario, este se ralentizará dificultando la pérdida de peso si ese es el objetivo de su consumo.

En cuanto a cantidades admisibles, las recomendaciones más cabales hablan, para un adulto, de la ingesta de tres tomas diarias de 500 y 650 miligramos de extracto estandarizado de la hoja de alcachofa, durante un periodo de tiempo de un mes o mes y medio.

Pautar un suplemento de extracto de hojas de alcachofa puede ser la mejor alternativa no farmacológica para personas que, por su situación clínica, demanden sustancias de acción colerética (estimulan de la formación de bilis), hipocolesterolemiante (reducen los niveles de colesterol), antidispéptica (mejoran las digestiones), carminativa (favorecen la expulsión de gases) y espasmolítica (controlan el dolor provocado por espasmos intestinales). Si hay estudios clínicos concluyentes sobre los beneficios de los suplementos de extracto de alcachofa, estos son los relacionados con la disminución del colesterol total y del colesterol LDL.

Puede ponerse como referencia el realizado en 2000 sobre 143 adultos, cuyos niveles de colesterol excedían con creces los límites fisiológicos, a quienes se les pautó la ingesta diaria de 1800 mg de un extracto de hoja de alcachofa a lo largo de un periodo de seis semanas. El estudio arrojó cifras muy significativas de reducción; en cuanto al colesterol total, un 18,5 %, y en cuanto al LDL, del 22,9 %.

Sin duda, una eficacia equiparable a la acreditada por algunas estatinas, si bien estas carecen de la exquisita tolerancia del extracto de alcachofa, cuyos efectos secundarios brillan por su ausencia. Pero no solo los niveles de colesterol son agradecidos a la acción del extracto de alcachofa. Debe hablarse con similar énfasis de los efectos sobre la hipertrigliceridemia (exceso de triglicéridos en sangre), frecuente en obesos, diabéticos y pacientes con hipercolesterolemia, y un claro factor predisponente de tromboembolias y pancreatitis.

Para su tratamiento no farmacológico, es frecuente recurrir a la fitoterapia, a base de suplementos de plantas ricas en mucílagos, entre los cuales destaca el extracto de alcachofa. Los médicos suelen aconsejar que las cápsulas de extracto de alcachofa se tomen media hora antes de las comidas para permitir que el extracto abandone la cápsula y logre trabarse con el jugo gástrico durante la digestión.

Cambiando de tercio, hay un territorio en el cual pueden obtenerse éxitos terapéuticos con el extracto de alcachofa: el tratamiento de la migraña, un padecimiento que afecta a un buen porcentaje de la población, especialmente mujeres. Su interés es como tratamiento de calidad de fondo (debe descartarse su empleo en las crisis migrañosas).

El extracto de alcachofa parece ofrecer evidencias como probiótico, es decir, estimulante de la flora intestinal, por lo que se emplea por parte de personas aquejadas de estreñimiento crónico o síndrome de colon irritable.

Cómo distinguir buenos y malos suplementos de extracto de alcachofa

Suplementos de alcachofa

Una norma general antes de adquirir un suplemento a base de plantas medicinales es cerciorarse bien de cuál es su origen. Parece obvio recordar que cualquier fabricante de alguno de los productos de esta índole debe haber superado los controles previos de la autoridad sanitaria correspondiente, pero no por ello es oportuno hacerlo, pues la clandestinidad es un terreno en el que, lamentablemente, todavía habitan algunos desaprensivos.

Una cuestión que tampoco conviene pasar por alto es el contenido de la etiqueta en cuanto a la calidad de los ingredientes.

La fórmula indicará cada uno de los principios activos que contiene, algo a lo que el consumidor ha de tener fácil acceso para evitar cualquier tipo de reacciones adversas por alergias u otras circunstancias.

Al comprar un suplemento de extracto de alcachofa, es importante asegurarse de la veracidad de este ingrediente, pues existen preparados de productos comerciales supuestamente elaborados a partir de hojas de alcachofa, pero cuyo ingrediente principal es una mezcla de diferentes compuestos ajenos a este. A su vez es importante la presentación el suplemento, pues condiciona la eficacia del mismo así como la cantidad de producto necesaria para que ejerza su labor.

La mayoría de extractos se reparten entre cápsulas de gel y tabletas. Las primeras contienen el extracto concentrado y dispuesto a mezclarse en un breve lapso de tiempo con los jugos digestivos; por eso es la mejor fórmula para lograr máxima precisión en la dosis, ya que van revestidas de una cubierta que otorga al encapsulado resistencia física para la liberación controlada del contenido.

Deben buscarse siempre preparados que contengan un contenido estandarizado de cinarina, lo que supone que garantizan con exactitud un aporte constante de los principios activos, especialmente la cinarina, en cuyo caso debe asegurarse siempre el aporte de 15 mg diarios.

Normalmente, los extractos que circulan por el mercado van titulados al 5 o al 2,5 % en cinarina y con un ratio 1:8, que quiere decir que la masa de extracto obtenida es ocho veces inferior que la de planta utilizada en su fabricación.

Posibles combinaciones de los suplementos de extracto de alcachofa

Dentro de los suplementos de alcachofa enfocados a desarrollar acciones digestivas, pueden encontrarse fórmulas combinadas con jengibre, óptimas para canalizar las funciones hepática y gástrica. Muy recomendable es aprovechar la sinergia entre la alcachofa y el diente de león en aras de promover la depuración del organismo, actuando como combinación tónico hepática y eupéptica.

Buena aptitud de las alcachofas, además, en la formulación de dietas para combatir la grasa abdominal. Entre los destinados a hacer valer sus propiedades diuréticas, con vistas a la depuración del organismo y/o al adelgazamiento, es frecuente la mezcla de la alcachofa con la cola de caballo, otro potente diurético. Los orientados simultáneamente a corregir la función hepática y reducir la tasa de colesterol suelen venir en cápsulas de composición abigarrada, pues pueden incluir, entre otras posibles compañías del extracto de alcachofa, fruta del diablo, linaza, chumbera o té verde.

Otras formulaciones mixtas muy habituales incluyen rábano negro, boldo, cardo mariano e hinojo.

Además, algunas preparaciones incorporan como agente de enriquecimiento la colina, de excelentes prestaciones en pos de una correcta funcionalidad hepática y de la vesícula biliar.

Concluiremos haciendo una mención de la aplicación del extracto de alcachofa en la mesoterapia corporal como técnica en medicina estética basada en la aplicación intradérmica de preparados farmacológicos cuya finalidad es luchar contra la celulitis y los depósitos de grasa localizada.

Funciona a base de soluciones de extracto de alcachofa con un soporte de ácido hialurónico y de L-carnitina, que favorecen la circulación sanguínea y linfática, contribuyendo a la metabolización de los triglicéridos. En concreto, la L-carnitina interviene en el metabolismo de los ácidos grasos asegurando, con su presencia formando parte de una coenzima, su transporte a las mitocondrias, los organelos celulares donde tiene lugar su oxidación.

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