Tests intolerancia alimentaria: ¿vivimos inflamados?

Tests intolerancia alimentaria: ¿vivimos inflamados?

Si bien parecen estar a la orden del día en muchos herbolarios, centros de suplementación deportiva, o incluso de estética. Sigue habiendo mucho oportunismo en cuanto a la aplicación de este tipo de tests y no todos son claramente fiables.

Alergias y anticuerpos IgG

Las alergias alimentarias se detectan por el modo de reacción a las proteínas de los alimentos. Dichas alergias pueden ser categorizadas en:

  • Reacciones mediadas por la inmunoglobulina E (IgE) (reacciones inmediatas),
  • Reacciones no mediadas por IgE (no inmediatas),
  • Reacciones de hipersensibilidad,
  • Reacciones mixtas.

Uno de los tests más habituales y sencillos es aquel que analiza la presencia de anticuerpos IgG (inmunoglobulina G), que entraría dentro del segundo grupo. Estos son los que la mayoría de centros citados anteriormente realizan mediante un análisis de sangre. Además, habría que entrar a valorar también la salubridad y seguridad de las instalaciones y del procedimiento de extracción, cosa que no es objetivo de este artículo, pero que se puede poner en duda cuando no hablamos de una “clínica médica”.

anticuerpos

Según la ciencia, los anticuerpos IgG a los alimentos son comúnmente detectables en adultos y niños sanos, independientemente de la presencia o ausencia de síntomas relacionados con la alimentación.

No hay evidencia creíble de que la medición de anticuerpos IgG sea útil para el diagnóstico de alergia o intolerancia alimentaria. De hecho, los anticuerpos IgG reflejan la exposición a alérgeno, pero no la presencia de la enfermedad. Si bien es cierto que existe una excepción en el caso de los anticuerpos IgG a la gliadina – que sí puede ser un buen indicador para la confirmación histológica de la enfermedad celiaca -, el uso inadecuado de las pruebas de alergia a los alimentos (o mala interpretación de resultados) puede dar lugar a restricciones dietéticas inadecuadas e innecesarias, con implicaciones particulares de nutrición en los niños.

La falta de correlación entre los resultados y los síntomas reales, junto a los riesgos que pueden resultar de evitar innecesariamente ciertos alimentos, aumenta el potencial de daño de este tipo de prueba. Las organizaciones del Consejo Mundial de Alergia e Inmunología se han posicionado por estos motivos contra el uso de la prueba de IgG como método principal para detectar la intolerancia a los alimentos.

Otras pruebas y la relación con el precio

Algunas pruebas alternativas que pretenden diagnosticar intolerancia a los alimentos, además de a través del análisis de muestras de sangre, son los análisis de mechones de pelo, cambios en la corriente eléctrica, o la resistencia a la presión aplicada a las piernas o los brazos.

Entre todos ellos, algunos investigadores expertos en el tema han encontrado que:

  • Se detectaron 183 intolerancias, de las que realmente fueron confirmadas desde el punto de vista médico una alergia y una intolerancia alimentaria (1,1%).
  • Las muestras de sangre y pelo producen diferentes resultados.
  • Según los resultados, las pruebas podían llegar a excluir hasta 39 alimentos en una única persona, lo que podría hacer difícil seguir una dieta equilibrada y llevar a problemas nutricionales.
  • Las pruebas oscilan en un precio medio de 55 a 350€, pero según la fiabilidad de los resultados ninguno se corresponde con el valor real del diagnóstico de alergias o intolerancias.

La inflamación como síntoma

Una vez indicado todo esto, cada vez más desde el mundo de la nutrición, comienza a dársele mucha importancia a determinados alimentos con tendencia a la inflamación del cuerpo (y la obesidad tiene mucho que ver con un estado inflamatorio crónico), así como al estado ácido-base del organismo (alimentos alcalinos, que incrementan el potencial de recuperación y la optimización de los procesos enzimáticos).

Seguramente sea este uno de los temas donde más se avance en el futuro de la nutrición: en Estados Unidos, por ejemplo, ya comienza a haber líneas de productos donde en la etiqueta se informa de la carga glucémica y del índice inflamatorio, además de la información nutricional.

La alimentación tiene una estrecha relación con el índice inflamatorio y, por este motivo, hay quienes ya abogan por cambiar determinados alimentos cuando estás lesionado, para promover un entorno menos inflamatorio y acelerar la recuperación (recordamos que la inflamación puede ser motivo de falta de funcionalidad para un determinado deporte).

En este sentido, determinados alimentos (algunos de manera genérica, como las proteínas de origen animal; las harinas refinadas….), se digieren peor y tienen tendencia a provocar una sensación de «hinchazón». El principal problema al respecto es que, dadas las costumbres alimentarias de nuestros días, ese estado se ha generalizado y se considera «normal», cuando no debería serlo.

obesidad

En relación a este mismo aspecto, recientemente se han publicado los resultados de un estudio, que se añade a la larga lista del ejercicio como herramienta terapéutica a favor de la anti-inflamación. Los investigadores compararon cambios en la concentración sanguínea de citoquinas anti-inflamatorias (sTNFR1, receptor soluble del factor de necrosis tumoral) y pro-inflamatorias (IL-1) durante la realización de ejercicio de intensidad moderada en sujetos sedentarios y entrenados.

Los resultados mostraron un aumento de la concentración de sTNFR1 tanto en entrenados como en sedentarios, siendo mayores significativamente en entrenados vs sedentarios. En cuanto a la concentración de IL-1 entre grupos, no hubo diferencias.

ejercicio-antiinflamacion

Dado que, como hemos comentado, un aumento del status pro-inflamatorio se ha relacionado con diferentes patologías como el cáncer o la diabetes tipo II, el ejercicio se comporta como factor preventivo de muchas enfermedades crónicas, e incluso podría llevar a evitar errores de autointerpretación de los síntomas de intolerancia alimentaria (mejores digestiones y menos hinchazón).

Fuentes

  • Chafen, J. J. S., Newberry, S. J., Riedl, M. A., Bravata, D. M., Maglione, M., Suttorp, M. J., … & Shekelle, P. G. (2010). Diagnosing and managing common food allergies: a systematic review. Jama, 303(18), 1848-1856.
  • Gómez-Banoy, N., Mockus, I., Aranzález, L. H., & Zambrano, J. M. (2014). Changes to circulating inflammatory cytokines in response to moderate exercise. The Journal of sports medicine and physical fitness.
  • Rona, R. J., Keil, T., Summers, C., Gislason, D., Zuidmeer, L., Sodergren, E., … & Madsen, C. (2007). The prevalence of food allergy: a meta-analysis.Journal of Allergy and Clinical Immunology, 120(3), 638-646.
  • Sampson, H. A. (2001). Utility of food-specific IgE concentrations in predicting symptomatic food allergy. Journal of Allergy and Clinical Immunology, 107(5), 891-896.
Valoración Tests Intolerancia alimentaria

Alergias - 100%

Anticuerpos - 100%

Otras pruebas - 100%

Inflamación como síntoma - 100%

100%

Evaluación HSN: Sin Puntuación Todavía !
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Sobre Mario Muñoz
Mario Muñoz
Mario Muñoz es todo un entusiasta de todo lo relacionado con el mundo del fitness. Pero sobretodo, lo que más le apasiona es el campo de la investigación, tal como se refleja en cada uno de sus artículos publicados con un excelente rigor científico.
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