La identidad de un deportista

La identidad de un deportista

La identidad atlética (IA) se define como el grado de importancia, fuerza y dedicación exclusiva que el deportista pone en la práctica de su deporte y su mantenimiento, dentro siempre de la influencia del contexto en el que vive.

Así, tanto los factores personales como los socioeconómicos determinan los niveles de IA y construyen la autoidentidad personal del deportista. Grosso modo, la identidad está compuesta por elementos públicos y privados:

  • Los privados son los elementos de la identidad que no se encuentran disponibles al análisis y escrutinio público (actitudes, creencias, sentimientos y emociones) y que, por supuesto, están influenciados por el contexto de desarrollo que tiene y ha tenido un deportista.
  • Los públicos se refieren a la percepciones sobre cómo los demás observan y evalúan a la persona en el desempeño de un determinado rol social (imagen a seguir, deportista exitoso, persona con alto nivel de esfuerzo, etc…).

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Pero ¿hasta qué punto podría la estructura psicológica del individuo ser determinante en los resultados de su deporte? ¿puede la personalidad de uno modificar el cómo influyen los anteriores factores en el éxito o, por el contrario, tienen más peso que la propia personalidad?

Teniendo en cuenta las recomendaciones de que la IA se puede predecir en función de variables de personalidad, y de que los rasgos de personalidad permiten una importante contribución para la formación de la IA, su interrelación es relevante a nivel científico de cara a poder formar “campeones felices”.

Extraversión y nivel competitivo, las claves

La investigación realizada sugiere dos variables predictores de la IA: el rasgo de extraversión y el nivel competitivo de los deportistas.

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Por un lado, el resultado relativo a la influencia del rasgo de extraversión con la IA, indica que los deportistas con mayores puntuaciones en extraversión, también las obtienen en IA. En este sentido, cabe plantear que el deporte es un medio óptimo para obtener fuentes diversas de experiencias que extienden las redes y las relaciones sociales de sus practicantes, lo que a su vez les permite expresar los rasgos de sociabilidad y de búsqueda de apoyo y de reconocimiento social por parte de sus “iguales” que caracterizan los rasgos de extraversión.

Esta idea se refuerza por el hecho de que en todas las dimensiones (autoidentidad, exclusividad, identidad social, afectividad positiva y negativa, y la IA global), se encontraron correlaciones significativas respecto a la extraversión. Esto evidencia que las relaciones sociales (y más en el contexto actual) son una clave fundamental para construir una persona equilibrada psicológicamente, ya que puede permitir el autoconocimiento personal.

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Respecto al nivel competitivo de los deportistas, también aparece como una variable determinante de la IA, como era de esperar. Los deportistas con niveles competitivos más elevados, presentan también niveles más elevados de vinculación con su rol deportivo. Sería extrapolable a las personas que aman su trabajo (en el sector que sea) y que se sienten vinculadas a él, lo que les permite una identidad laboral mayor.

Los deportistas desarrollan su identidad en conexión con el contexto deportivo, con el medio ambiente en el que pasan una gran parte de su tiempo interactuando con sus compañeros y con sus entrenadores, con las rutinas diarias prolongadas a lo largo de los años, lo que les permite compartir experiencias, hábitos, creencias y conocimientos, pudiendo explicar que, a la postre, cuanto más elevado sea el nivel de competición y la implicación de los deportistas, mayor influencia tenga en la IA.

Esto no significa que por no ser deportista de élite no se tenga identidad atlética, aunque sí que esta será menor. Los niveles de participación deportiva y el compromiso que se tenga con un deporte (aunque podría decirse que el compromiso se tiene con uno mismo) también fomentan esa IA.

¿Un DEPORTISTA debería considerarse un obsesionado?

Respecto a la afectividad con el deporte, es decir, la alegría o la tristeza en función del éxito deportivo, no aparecen diferencias significativas en función del nivel competitivo; pero sí es un importante componente de la identidad atlética.

  • Afectividad positiva (p.e.: “Estoy feliz de hacer deporte”)
  • Afectividad negativa (p.e.: “Me siento mal cuando fracaso en el logro de mis metas”).

Esta relación se justifica también en que en los niveles elevados de competición, los deportistas tienden a condicionar sus proyectos de vida en torno al contexto deportivo (exclusividad), concediendo una mayor importancia al reconocimiento social de sus habilidades y resultados deportivos (identidad social), definiendo su autoidentidad como deportistas de competición o de alto nivel.

Así, es entendible que de manera general, el deportista que tiene por trabajo el deporte sea feliz en él y, de manera concreta y específica, se sienta mal “momentáneamente” (en comparación con la felicidad permanente de realizar su pasión) por no conseguir objetivos.

La vida deportiva se sustenta en ello, lo que no quiere decir que un deportista sea un obsesionado*

*Obsesionado (RAE, 2001): Persona que tiene una perturbación anímica producida por una idea fija, que con tenaz persistencia asalta la mente a modo de ansiedad. Dicho pensamiento, sentimiento o tendencia aparece en desacuerdo con el pensamiento consciente de la persona, pero persiste más allá de los esfuerzos por librarse de él

De hecho, el ambiente deportivo, a su vez, permite mayores niveles de motivación al deportista y posibilita el desarrollo de su sentido de pertenencia (al mundo, a la sociedad, a un grupo) e identidad.

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El deporte debe ser considerado, por tanto, como un instrumento al servicio del desarrollo de la persona, dando lugar a uno de los fines últimos en el desarrollo de la persona, como es el logro de su autonomía y de su realización personal. En mi opinión personal, como entrenador, creo que esto está siendo dejado en un segundo plano en virtud de los resultados deportivos por encima de la felicidad personal.

Los estilos de liderazgo de los entrenadores son recibidos por los deportistas de modo que estilos más democráticos dan lugar a niveles más elevados de identificación y aceptación del rol deportivo que permitan puntuaciones más elevadas en IA; y, consecuentemente, de la autoidentidad de la persona.

Entrenador (ayudantes, staff, etc…) y deportista deberían formar un equipo. La afectividad (siempre desde una responsabilidad profesional) genera confianza; y la confianza (el “verte consiguiéndolo”) está entre los primeros pasos para el éxito.

¿Créeis que vosotros tenéis cierta identidad atlética (IA)?

Fuentes

  • Cabrita, T., Serpa, S., Rosado, A., & Marcos, V. (2014). Relaciones entre identidad atlética y personalidad en el deporte de competición. In Revista de psicología del deporte (Vol. 23, pp. 0247-253).
Valoración Identidad de un deportista

Autoidentidad del deportista - 100%

Extraversión - 100%

Nivel competitivo - 100%

¿Obsesionado? - 100%

100%

Evaluación HSN: Sin Puntuación Todavía !
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Sobre Mario Muñoz
Mario Muñoz
Mario Muñoz es todo un entusiasta de todo lo relacionado con el mundo del fitness. Pero sobretodo, lo que más le apasiona es el campo de la investigación, tal como se refleja en cada uno de sus artículos publicados con un excelente rigor científico.
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